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Deben ser los obreros quienes guíen el tren

El primer día del quinto mes del año es una fecha muy, pero muy  especial para todos los trabajadores del mundo: celebran su fecha, la  cual está matizada aún por diferentes acciones. Unos desfilan  reclamando derechos,  otros, como los cubanos, lo hacemos llenos de  alegría porque sabemos que somos portadores del  sistema social más humano que existe.

El primero de enero de mil 959 en esta isla se hicieron  trizas las injusticias imperantes hasta entonces. Los trabajadores  tomaron las riendas del Estado. Lo que Fidel prometió en el juicio por  los hechos del Moncada, se cumplió y es más, la realidad supera las  expectativas.

El Día Internacional de los trabajadores lo celebraremos como la fiesta del proletariado mundial, convencidos de  que el camino que escogimos es difícil, pero el más digno y mejor para  los pobres  y oprimidos.

Cada año con dolor contemplamos cómo millones de obreros en  muchos países desarrollados, entre ellos Estados Unidos desfilan por  reivindicaciones, por sus derechos, por un puesto donde laboral.

Estos son tiempos difíciles para la clase obrera, la cual no  cesa de luchar por la justicia y la razón, convencida de que el mundo  mejor del  que  nos habla nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro  es posible.

Cuba es un ejemplo ante el mundo de lo que los  trabajadores son capaces de hacer. Este primero de mayo las plazas se  colmarán de nuevo de consignas, compromisos, alegría, colores, y  reafirmaremos la decisión inquebrantable de que no hay fuerza capaz de destruir la fuerza de la  razón.

Como en otras ocasiones los colores de la bandera  cubana y del 26 de julio, embellecerán el acontecimiento. Esta vez los festejos tendrán un  toque especial lleno de belleza y alegría, pues nuestros cinco héroes estarán junto al pueblo, celebrando.
Es oportuno cerrar esta crónica con una estrofa muy bella de esa  maravillosa pieza musical que lleva por nombre La Internacional y que  dice así  debemos de ser los obreros los que guiemos el tren.