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La huelga de hambre de Julio Antonio Mella

Artemisa, Cuba -El 17 de agosto de 1925, Julio Antonio Mella y otros compañeros crearon el Partido Comunista de Cuba. El 18 se eligió el Comité Central del Partido y se designó al maestro canario José Miguel Pérez, como secretario central. Mella quedó como secretario de propaganda. También participó en el hecho  el guanajayense Carlos Baliño.

Quince días después de la constitución del Partido, la policía judicial allanó el Centro Obrero de la calle Zulueta y con los documentos que ocupó, acusó a los jóvenes de conspiración para la sedición. El 7 de septiembre se dictó el procesamiento contra varios militantes comunistas, entre ellos Mella, Baliño y Alejandro Barreiro, y también contra líderes sindicales de otra filiación.

El proceso no prosperó como el gobierno esperaba, pues el juez les señaló fianza a los encausados y salieron en libertad. Mella tuvo que pagar mil pesos de fianza.

En septiembre estallaron tres petardos, dos cerca de las residencias de los  propietarios de la cervecería La Polar, y un tercero en las inmediaciones del teatro Payret. Los patronos hicieron denuncias contra directores del Partido Comunista y entre los enumerados estuvo por supuesto, Mella. Reactivaron la causa y Julio Antonio regresó a prisión. Esta vez sin posibilidad de fianza.

Las detenciones se realizaron el 27 de noviembre, en la noche, bajo la supervisión estrecha del secretario de Go¬ber¬nación, Zayas Bazán. A Mella lo apresaron en el Centro Obrero de Zulueta. Trataron de separarlo de otros prisioneros para asesinarlo pero por causas fortuitas no lograron su objetivo.

Mella convirtió la prisión en un anexo de la Universidad Popular José Martí, que él mismo había fundado. Se pasaba el tiempo  hablando contra los gringos y contra el dictador Gerardo Machado. También  sobre la necesaria unidad latinoamericana.

El día 5 de diciembre Mella, dentro de su impotencia como prisionero, decidió luchar contra el gobierno de la única forma en que le era posible:     Declarándose en huelga de hambre ante la arbitrariedad cometida, la acusación injusta y el proceso fraudulento montado, y por su libertad y la de sus compañeros.

De inmediato su salud se vio afectada.  Luego de un examen médico pedido por su abogado y una disposición del juez, el 13 de diciembre lo llevaban de la cárcel a la Quinta de Dependientes. Su entrañable compañero y maestro Alfredo López llegó junto a la camilla le deslizó un billete de cinco pesos que Mella rechazó, a pesar de la insistencia de López.

Un policía informó a la esposa de Mella, Oliva Zaldívar, que pretendían asesinarlo con una inyección. Olivia evitó el asesinato cuando se puso en contacto con su amigo  Zayas Bazán, el secretario de Gobernación, camagüeyano igual que su familia, para que intercediera y el crimen no se llevara a cabo. La causa de Mella se hizo famosa y despertó la conciencia de muchos en Cuba y en el extranjero. Su actitud saltó los muros de la vieja prisión colonial de Prado número uno. Recorrió primero La Habana y luego la Isla. Se creó un Comité Pro Libertad de Mella en el que entre otros figuraban Rubén Martínez Villena y el joven venezolano Carlos Aponte.

Los miembros del club cuidaban la puerta de la habitación en la clínica  del Centro de Dependientes. Se sumaron también algunos peruanos. En el país comenzaron las protestas por el encarcelamiento del joven y peticiones de libertad para él.  Le enviaron una carta a Machado Enrique José Varona, el general Eusebio Hernández, Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring, Juan Marinello, Enrique Serpa y Villena.

Por un hecho casual, Martínez Villena se enfrentó directamente con Machado en casa del secretario de Justicia. Le exigió la libertad de Mella y  Machado reveló su participación en el encarcelamiento declarando con rabia que no lo soltaría y que si era preciso terminaba con su vida.

Ante la actitud del tirano, Villena pronunció el epíteto que trascendería la época. Lo llamó asno con garras.

Finalmente tuvieron que soltarlo el 23 de diciembre con 35 libras  menos de peso. Los compañeros de Mella no entendieron su gesto. Al salir de prisión enfrentó un proceso duro y extremista. Lo tacharon de individualista, indisci¬plinado. Lo separaron por tres meses de toda actividad pública, y por dos años de la organización. Castigo revocado después, por la Internacional Comunista.

La valentía y la firmeza de Julio Antonio Mella no serán olvidadas por los cubanos que seguimos su ejemplo.

FUENTE: Artículos de Internet. Mella: la huelga de hambre. / Julio Antonio Mella, a 90 años de su asesinato. / Julio Antonio Mella. / La verdad que se le negó a Mella.



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