Donald Trump: No nos entendemos.

Artemisa, Cuba.- La arrogancia es una enfermedad muy complicada que afecta de manera directa el cerebro de quienes la padecen. Cuando esta afección se instala en un ser humano con pocas luces puede ser fatal y dañar a los que le rodean.
Ese es el caso de Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, el conductor de la locomotora del sistema capitalista de economía mundial. El magnate que continúa sin pudor dando muestras al mundo de su irrespeto por los demás y su enorme y maquiavélico ego.
No asombra a quienes tienen un dedo de frente que Trump la emprenda contra Cuba. Desde su campaña para la presidencia fueron evidentes sus sentimientos de odio contra los diferentes, para él, los inferiores. Trump envenenó los afluentes de restablecimiento de relaciones entre Cuba y su país, recrudeció el cerco económico contra Cuba, prohibió la entrada a Cuba de cruceros norteamericanos, aplicó sanciones a los que intentan comerciar con nuestro país, declaró su intención de acabar con el socialismo aunque para ello tenga que gastarse la mitad de su fortuna. Pero, que va a esperarse de un hombre que carece de diplomacia y ofende a sus similares en los viajes por el mundo. Que puede esperarse de quien se niega a firmar que protegerá el medio ambiente. Qué decir de un hombre que manifiesta su desprecio por los emigrantes. Qué otra actitud vendría de un manipulador que intenta sobornar a países y traficar con sus influencias y su dinero por encima de la ética.
Muchas incongruencias hay entre el discurso del mandatario yanqui y la realidad, cuando se trata de Cuba. La ayuda a los emprendedores. El impulso de la iniciativa privada, germen de una sociedad de consumo a la que en Cuba no se le teme porque responde a los intereses de la mayoría, es hipócrita y del norte solo llegan se afectaciones a su nivel de vida. Es insostenible su campaña difamatoria contra nuestros médicos y personal de la salud. Nadie se cree sus patrañas.
Son la dignidad y la justicia quienes lo abuchean en los estadios y presentaciones públicas. Es el sentido común el que protesta por todo el mundo contra su gestión de gobierno. Donald Trump no tiene el más mínimo sentido de la decencia, el más pequeño conocimiento de la historia. No le interesa nada más que su fortuna. Para él sería imposible pensar como país. Por esa razón el presidente millonario y los cubanos… No nos entendemos.
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