Especialista de Artemisa en Sierra Leona

Especialista de la salud de Artemisa en Sierra Leona

Un grupo de especialistas de Artemisa que, con su alto sentido humanitario y del deber, ponen en alto la Salud cubana en tierras foráneas

Desde una tierra lejana, en el continente de donde, según numerosos científicos, proviene la raza humana, y a cuyas tradiciones, costumbres, mitología… debe tanto nuestra cultura, tres artemiseños nos hacen llegar sus experiencias, revestidas de un profundo humanismo, compromiso profesional y el orgullo que despiertan en su pueblo, el artemiseño y el cubano en general.

 El 2 de octubre los enfermeros Lariel Laza Cárdenas (del hospital José Ramón Martínez, en Guanajay), Jorge Martínez Cruz y Leonardo Baños Carmona (ambos del Iván Portuondo, en San Antonio de los Baños) arribaron a Sierra Leona con la misión de combatir el ébola. Todos dejaron atrás familias y personas muy allegadas y queridas, quienes les apoyan aun en la distancia.

“Le dije a mi mamá que iba fuese como fuese, porque se necesitaba mi apoyo. La reacción de mi familia fue normal, y como siempre el consejo de mamá fue que me cuidara y cumpliera con todo. La comunicación es buena: mensajes por teléfono, y una o dos llamadas al mes, porque salen caras. También a través del correo de algunas amistades”, afirma Lariel.

Entretanto, Leonardo manifiesta que “al principio la comunicación resultó difícil. No teníamos celulares y solo había dos computadoras en el hotel. Eso ha mejorado gracias a la cooperación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las gestiones pertinentes. Mi familia me ha apoyado en todo momento, eso no quiere decir que la preocupación lógica por mi salud no esté presente”.

Diversos escenarios, únicos principios

Los tres caminos que hoy confluyen en Sierra Leona, tuvieron diferentes puntos de partida.

“Elegí Enfermería porque no alcancé Medicina, pero durante la carrera tuve muy buenas profesoras, quienes me enseñaron a amar la profesión”, comenta Lariel.

Jorge, en cambio, sintió la vocación desde muy temprano: “Me gradué de Técnico Medio en 1987 y de Licenciado en 1994. Tenía una formación vocacional desde niño, pertenecía a la Cruz Roja pioneril. Me mantuve en la brigada de voluntarios, recibí varios cursos, y al terminar el preuniversitario opté por esta carrera”.

Para ninguno de estos internacionalistas constituye novedad ofrecer ayuda solidaria fuera de Cuba. Jorge había cumplido cuatro misiones: la primera, en diciembre de 1999, en Venezuela, a raíz del desastre ocurrido en el Estado de Vargas.

“Me encontraba durmiendo en mi casa a las 11:00 de la noche, cuando me llamaron, y amanecimos al día siguiente en Venezuela”, rememora.

Luego, en enero del 2000, justo a su regreso, lo convocaron para El Salvador. Nuevamente salió de su Patria en 2001 rumbo a Guatemala, tras el huracán Mitch… y en 2011 se integró al contingente Henry Reeve, para enfrentar el cólera en Haití.

Por su parte, Lariel y Leonardo estuvieron previamente en Jamaica y Trinidad y Tobago, respectivamente. El primero durante tres años, y el segundo por dos.

Al llegar la ocasión de continuar ayudando a los más necesitados, no tardaron en sumarse.“No dudé en dar el paso al frente el día que me lo comunicaron por vía telefónica. Después, en un análisis más profundo, pensé que sería la más difícil de las misiones; requería de mayor sentido del internacionalismo. Sería otra oportunidad para saldar nuestra deuda con la humanidad (parafraseando a nuestro Comandante)”, asegura Jorge.

Lariel busca experimentar cómo es el trabajo ante una epidemia y ayudar a las personas, al igual que Leonardo, quien ve en esta “una situación inolvidable, que me será muy útil en mi vida profesional. Será el Moncada y el Granma de estos tiempos”.

Comienza el trabajo duro

Acerca de su estancia en Sierra Leona, explica Leonardo: “Cuando llegamos estuvimos en entrenamiento casi todo el mes (en Cubapracticamos varias ocasiones en el Instituto Pedro Kourí). Ya en estos momentos un grupo de nosotros estamos trabajando en un hospital construido por el gobierno británico, llamado Kerry Town. Como es nuevo, todo está impecable. El resto de los colaboradores espera ansioso por las ubicaciones”.

De acuerdo con Jorge, el hospital de campaña tiene unas 80 camas, pero solo se encuentra en uso una tercera parte, por la premura de la situación.

“Deberá estar al ciento por ciento próximamente. Trabajamos en tres turnos: cubrimos la atención a los pacientes durante las 24 horas. Un primer turno se extiende de 8:00 am a 2:00 pm, el segundo de 2:00 pm a 8:00 pm y el tercero de 8:00 pm a 8:00 am del siguiente día. Entramos una hora, y salimos para descansar dos. Tenemos buenas condiciones, con locales para descansar”, subraya.

Y Lariel agrega que “resulta fundamental mantener las medidas de bioseguridad. En caso de cualquier incomodidad salimos, aunque el tiempo no se haya terminado, porque nuestra salud es primordial”.

En opinión de Jorge, los colaboradores mantienen excelentes relaciones, muchos se conocen de misiones anteriores. “Nos tratamos como hermanos, eso nos ha estado inculcando la dirección de la brigada”, agrega Leonardo.

La mira en la meta

El sacrificio, el esfuerzo, todo cobra sentido para Lariel, Leonardo y Jorge, al apreciar la reacción de los pobladores y profundizar en el impacto de esta misión.

“La acogida de la población fue indescriptible. Todo el tiempo, desde el aeropuerto hasta nuestras acomodaciones en la capital, nos saludaban muy contentos y salían para ver nuestro paso en los ómnibus. El gobierno también nos hizo una recepción”, declara Jorge.

Él considera que este representa el mayor de los retos que ha enfrentado, “pero sin dudas la misión que más conocimientos me aportará desde el punto de vista científico, y ni se diga en cuanto a cultura y tradiciones”.

Y Lariel comparte esa opinión. “Nos enfrentamos a un enemigo invisible, que no tiene distinción de color de la piel, status social, nada. He ganado experiencia y mi meta está en, por lo menos, evitar la transmisión de la enfermedad y regresar orgulloso a Cuba”.

Considerada la cuna de la civilización, tan profunda y continuamente expoleada durante siglos, a África el mundo le debe mucho. Con su entrega humanitaria, Lariel, Jorge y Leonardo saldan una deuda no solo con el llamado continente negro, sino con la humanidad, con los principios éticos y morales bajo los cuales se formaron.

En la foto de izquierda a derecha: Pedro Luis Rivera Rivera (técnico en Anestesia del Hospital Iván Portuondo), Licenciado Leonardo Baños Carmona, Licenciados Jorge Martínez y Lariel Laza, Doctor Fidel Seguí Gort, que vive en la capital y trabaja en la sala polivalente (Coronaria) en el hospital de San Antonio: artemiseños en la lucha contra el ébola, en África