Conocer a Martí
Martí en tierras de Artemisa

Patria y amistad, binomio de profundo arraigo en el pensamiento de José Martí, fueron las claves de su estancia en reiteradas ocasiones en suelo artemiseño durante el período más intenso de preparación de la llamada Guerra Chiquita contra la metrópoli española.
La presencia del Héroe Nacional de Cuba en la provincia más occidental del país fue uno de esos hechos de callada vida en los archivos, toda vez que quedó demostrada en la última década del siglo XX por el prestigioso historiador César García del Pino: hubo constancia oficial del suceso luego de transcurrida más de una centuria.
García del Pino, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2012, dio cuenta de las reiteradas visitas de Martí a la finca Balestena; mientras, estudios posteriores develan que estuvo, además, en la zona de Las Pozas, entre Bahía Honda y La Palma.
Esa hacienda, ubicada en la zona de Aspiro, al pie de la Sierra del Rosario, en el municipio San Cristóbal, hoy en la provincia de Artemisa, pertenecía a Carlos Sauvalle y Blaín, amigo del Maestro. El objetivo de sus viajes al territorio, sostiene García del Pino, recae en contactar con los independentistas, entre el 22 de mayo y el 17 de septiembre de 1879, etapa conspirativa derivada en la Guerra Chiquita, marco bélico previo a la de 1895, la cual dio término a la dominación peninsular en la nación antillana.
Tras pruebas arqueológicas y búsquedas de documentos, las estadías de Martí en Balestena están signadas hoy por una tarja en la finca, y no se trata de un lugar fortuito, sino de la propiedad de un amigo nacido en La Habana, el 29 de agosto de 1839.
Hijo del eminente botánico Francisco Adolfo Sauvalle, Carlos mantuvo una relevante labor revolucionaria durante la Guerra de los Diez Años, pues fue uno de los principales organizadores de la lucha en la Capital, con destacada participación en los sucesos del Teatro Villanueva, posición por la cual resultó deportado a España en 1870.
Antes, Sauvalle había fundado en Cuba el periódico clandestino El Laborante, con Martí entre sus redactores; por tanto, surgieron lazos mutuos y, al arribar este también
exiliado a la península ibérica en 1871, buscó al amigo que lo auxilió en su enfermedad, costeó la intervención quirúrgica y lo secundó en polémicas frente a sectores reacios a la independencia cubana.
Concluida la Guerra Grande, luego de disímiles azares, cuando ambos retornaron a la Patria, tuvieron lugar las referidas visitas del autor de La Edad de Oro a Balestena, hasta su nueva detención y condena a un segundo destierro a fines de 1879.
Por la complejidad de ese período, García del Pino descartó la alternativa de que el móvil de las estancias en esos dominios fuera el descanso, máxime si se tiene en cuenta su ubicación, relativamente cercana a los activos clubes revolucionarios pinareños, integrados por patriotas de Paso Real de San Diego.
Una carta de Martí a Miguel Viondi, fechada en Madrid; la referencia a textos conspirativos de Sauvalle; así como publicaciones en el periódico Patria, dan fe de la
presencia del Héroe en una tierra, remanso silencioso de su acción.
Posteriormente a la revelación hecha por García del Pino, el historiador pinareño Armando Abreu encontró textos publicados en Patria, que demuestran la presencia del Apóstol en Las Pozas, al oeste de Bahía Honda.
La propia fuente asegura que el fortalecimiento del movimiento conspirativo en el Occidente del país, lo trajo al territorio en busca de contactos con los patriotas del área, algunos antiguos compañeros suyos del presidio.
En ese periódico, cita el historiador, Martí escribió: “…camino al cerro de Las Pozas, ¡qué palmar aquel tan melancólico; qué color de sangre el de los pájaros aquellos; qué riada tan tupida, por toda la borda del río, buena para pelear; qué velo y pena los de la naturaleza!”
Allí radicaban José Inocente y José Bonifacio Azcuy, de un tronco familiar de destacada trayectoria revolucionaria; con ellos y con los rebeldes Socarrás, se encontró Martí, según afirma Abreu Morales.
Esas familias de reconocidas ideas independentistas habían participado o apoyado la Guerra del 68, y continuaban su labor contra el colonialismo; sus vínculos con el Héroe Nacional de Cuba son motivo de orgullo para los pobladores del territorio. Aunque escasamente conocido, el paso del Maestro enaltece la historia de estos suelos.





