Donald Trump, el presidente de las polémicas y la división

La Habana - El presidente de Estados Unidos, el republicano Donald Trump, llegará a las elecciones del 3 de noviembre próximo como uno de los mandatarios más polémicos y divisivos en la historia de la nación norteña.

Si en 2016 Trump era el candidato advenedizo que no aparecía como favorito en los pronósticos y en torno al cual había muchas interrogantes, en este ciclo electoral goza la ventaja de ser el actual ocupante de la Casa Blanca, mientras carga con el peso de dejar una huella muy controvertida en su primer mandato.

El hombre nacido el 14 de junio de 1946 en Queens, Nueva York, sacudió la campaña electoral hace cuatro años con comentarios racistas y xenófobos, acusaciones de abuso sexual y declaraciones que echaron leña al fuego del espectáculo que suelen ser los comicios estadounidenses.

Numerosas preguntas había en ese momento en torno a la agenda del magnate que en la década de 1970 tomó las riendas de la compañía familiar Elizabeth Trump & Son –a la que rebautizó como The Trump Organization-, y al frente de la cual se expandió con importantes obras inmobiliarias y haciendo uso de cuestionadas maniobras fiscales.

Sin embargo, lo que en 2016 eran incertidumbres, ahora son certezas indiscutibles que los norteamericanos deben poner en la balanza mientras ejercen su derecho al voto.

Trump se presentó en la escena electoral como el hombre de éxito alejado del 'establishment' de Washington, y llevó a muchos estadounidenses a ignorar que si bien no provenía de la elite política del país, pertenecía a otro grupo igual de elitista y con intereses propios, el de los multimillonarios.

Sus posturas en inmigración, cuidado de salud y cambio climático, entre otros temas, suelen despertar condenas de quienes las consideran antiestadounidenses o violatorias de los derechos humanos.

Justo después de su llegada al poder en enero de 2017, por ejemplo, Trump demostró que no era mera retórica su amenaza de prohibir la entrada de musulmanes al país, pues emitió un veto de viajes que afectó a personas provenientes de territorios de mayoría musulmana.

Asimismo, siguió adelante con su empeño de construir un muro en los límites con México, decidió suspender el Programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia e impuso obstáculos cada vez mayores a los solicitantes de asilo.

Pero la medida que más indignación despertó en materia migratoria fue la separación de familias en la frontera sur, la cual provocó que miles de niños fueran llevados del lado de sus padres al entrar en territorio norteamericano.

En cuanto al cuidado de salud, y como parte de una agenda muy enfocada en borrar las políticas de su predecesor, el demócrata Barack Obama (2009-2017), Trump ha tratado desde el inicio de eliminar la Ley de Cuidado de Salud a Bajo precio, más conocida como Obamacare.

Con relación al cambio climático, el republicano siguió ignorando la evidencia científica sobre el tema, al tiempo que eliminó muchas regulaciones medioambientales de la administración previa y retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París. Ese fue solo uno de varios los mecanismos internacionales que decidió abandonar, pues también procedió de ese modo, por ejemplo, con su retirada del pacto nuclear alcanzado entre Irán y seis potencias en 2015; además de que se retiró de órganos como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y la Organización Mundial de la Salud.

La salida de este último cuerpo fue anunciada por Trump este año en medio de la pandemia de la Covid-19, mientras ignoraba las críticas de quienes consideran muy negativo su manejo de la emergencia sanitaria en Estados Unidos.

A pesar de esas y otras muchas decisiones y políticas controvertidas, durante la mayor parte de su gobierno el presidente norteamericano gozó de una ventaja que tenía el potencial de ser clave en los venideros comicios: una economía fuerte y en crecimiento.

La pandemia, sin embargo, puso un freno a esa bonanza, llevó al país a una recesión y dejó a millones de personas sin empleo y desprotegidas, con lo cual se volvieron más evidentes las profundas desigualdades económicas existentes en la sociedad norteamericana.

En ese contexto de crisis, al que se sumaron multitudinarias protestas en contra del racismo y la brutalidad policial, Trump no se convirtió en el presidente de la calma y la conciliación.

Fiel a su conducta incendiaria, el gobernante republicano una vez más se dedicó a provocar divisiones: entre quienes llevan máscaras y quienes no las usan; entre los estados rojos y los azules; entre quienes 'aman la policía' y quienes buscan retirarle los fondos; entre la izquierda y la derecha.

Incluso con ese historial, y aun cuando las encuestas a nivel nacional muestran al candidato presidencial demócrata, Joe Biden, con una ventaja sobre Trump, el mandatario tiene muchas posibilidades de obtener un segundo mandato.

Una eventual victoria del gobernante podría estar impulsada por el sistema del Colegio Electoral, pero también por una base fiel de seguidores que apoyan y justifican su agenda sin realizar cuestionamientos, y que incluso llegan a verlo como una figura que está por encima del partido por el cual se postula.

La adoración ciega que parece despertar en sus seguidores solo es comparable al rechazo visceral que provoca en muchos estadounidenses opuestos a su agenda, la cual continúa centrada en reducir la inmigración, eliminar regulaciones, disminuir impuestos, renegociar acuerdos comerciales e incrementar los gastos en defensa, entre otros elementos clave.

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