Un genio que interpretó en las teclas la cubanía

Artemisa, Cuba- Desde que era muy pequeño, los padres de Ignacio Cervantes Kawanagh, se dieron cuenta de sus capacidades para el piano. Descollaba su talento natural para el instrumento. Por esa razón lo llevaron con el mejor profesor de la época: Nicolás Ruiz Espadero.
Ignacio Cervantes había nacido el 31 de julio de 1847, en la Habana. Sus padres eran cultos y vivían con comodidad. Fue su padre quien lo introdujo en la música y con solo doce años ya había compuesto una contradanza para su madre.
Los estudios de Cervantes con Nicolás Ruiz Espadero se complementaron con otro grande, Juan Miguel Joval. Pero el momento decisivo en su carrera sucedió debido a un consejo del compositor norteamericano Luis Moreau, de visita en Cuba por aquella época. Moreau convenció a Ignacio de viajar a París y matricularse en el Conservatorio Imperial. Encontró un poco de resistencia, pues el joven genio tenía solo 18 años.
Ignacio viajó a París y bajo la guía de connotados profesores que encauzaron su virtud, un año después, en 1866, conquistó el primer premio del Concurso de Piano de la institución, tocando uno de los conciertos de Hertz. Al lauro añadió el premio en Armonía, conseguido en igual certamen, durante dos años consecutivos.
En Europa participó en conciertos, conoció y llegó a ser respetado por artistas del renombre de Liszt y Rossini. Sin embargo la fama no lo cautivó y regresó a la Habana.
De Ignacio Cervantes puede decirse que era un gran simpatizante de la causa de los cubanos. Es una pena que esa faceta de su vida no se conozca mucho. Recaudó fondos para la guerra del 68. Cooperaba con el dinero de sus presentaciones, hasta que su participación llegó a oídos de las autoridades españolas. El mismísimo capitán general de la isla lo invitó en persona a abandonar el país. La respuesta de Cervantes demostró sus convicciones: Me iré, pero desde el extranjero continuaré haciendo lo mismo que hago aquí en Cuba.
El pianista cubano viaja a Estados Unidos donde permaneció hasta el final de la guerra con el Pacto del Zanjón. Allá se dedicó a realizar presentaciones y aportar a la causa. Su regreso a Cuba estuvo marcado por una situación financiera menos solvente y el crecimiento de la familia. Tenía catorce hijos y cuando le preguntaban hasta dónde llevaría su escalera respondía, no se sabe si en broma o en serio: Todavía me faltan. Es que quiero formar una orquesta.
Con el estallido de la Guerra Necesaria en 1895, Cervantes tuvo que volver a exiliarse. Esta vez en México, donde el propio dictador Porfirio Díaz lo invitó a residir de forma permanente. En esta fecha su obra cuenta ya con música de cámara, zarzuelas, vals, una ópera cómica y sus famosas Danzas cubanas, de las que se dice que son lo más valioso de su producción, aunque estas obras fueron despreciadas por el autor.
De regreso a la isla, Cervantes tuvo a su cargo la conducción de la compañía de ópera del Teatro Payret y del Teatro Tacón. Su tema Fusión de Almas la compuso dedicada a su hija María Cervantes quien, siguiendo los pasos de su padre se convirtió en una famosa pianista y compositora cubana.
La obra de Cervantes es vasta. Títulos como Adiós a Cuba, No bailes más o Los delirios de Rosita figuran en el pentagrama imprescindible de la música cubana. Su condición de pedagogo también dejó un referente obligatorio para los que se dedican a la creación o la interpretación musical.
Se dice que Ignacio Cervantes fue uno de los primeros músicos en el continente americano en identificar su obra con el sentimiento nacionalista. Su música representa la cubanía
Una enfermedad cerebral fue la razón del fin de los días del compositor cubano. Se dice que la dolencia fue el resultado de sus largas horas nocturnas robadas al sueño y dedicadas a la composición de música. Ignacio Cervantes falleció el veinte de abril de 1981 y dejó una estela de virtuosismo y de compromiso alrededor de su figura. Una figura que vuelve a la vida cada vez que en un piano se escucha la música cubana.
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