
Artemisa, Cuba.- Narciso López fue un hombre de una vida muy controversial. Nació en Caracas, Venezuela, el 29 de octubre de 1796, en el seno de una familia adinerada. Su padre, Pedro Manuel López era comerciante y de procedencia vasca como su madre Ana Paula de Oriola. El nombre completo del niño fue Joseph Narciso de la Concepción.
López era un crÃo cuando los españoles le mataron al padre, en la toma de la ciudad de Valencia. TenÃa catorce años. Los mismos asesinos del padre lo acogieron y se convirtió en el protegido del sanguinario Francisco Tomás Morales, Mariscal de Campo de los Ejército Realistas. Es lógico entonces que ingresara en el ejército español a los 18 años, el 15 de julio de 1814.
Narciso tenÃa una fuerza extraordinaria. SolÃa doblar una moneda entre sus dedos y derribar a un toro de un puñetazo. Esta fuerza y su valor sorprendente le hicieron ganarse el respeto como soldado de España. Luego de la derrota de los peninsulares en Venezuela López toca por primera vez suelo cubano.
En Cuba el militar ganó fama de temerario y de buen jinete por cabalgar desde Santiago de Cuba hasta la capital, sin descansar. Hizo muy buenas migas con el ilustre intelectual y terrateniente Francisco FrÃas y Jacott, el Conde de Pozos Dulces, al punto de desposar a su hermana doña MarÃa de los Dolores de FrÃas y Jacott. La boda tuvo lugar el de mayo de 1825, en La Habana. Un matrimonio lujoso que nunca alcanzó la felicidad porque López apenas atendÃa a su esposa, por dedicarse a la disipación entre las farras y el juego.
A finales de 1827 Narciso viajó con su esposa a España. Allà nació su hijo, al que le ponen por nombre Narciso y llegarÃa a ser Vizconde de Albufera.
Narciso combatió en las guerras carlistas por Isabel Segunda y tuvo a sus órdenes como teniente, a José de la Concha, con quien volverÃa a encontrase en otras condiciones. Cuando regresó a Cuba, en 1841 lo hizo solo y como Mariscal de Campo. Su amigo, el general Jerónimo Valdés habÃa sido designado gobernador general de la isla y le ofreció el cargo de Teniente Gobernador de Trinidad.
Se cuenta que en Trinidad Narciso López se ganó el cariño de los lugareños.    Su carácter era franco e impulsó muchas obras de bien público. El pueblo lo trataba con una simpatÃa que no fue bien vista por el gobierno nacional y Narciso López fue relevado de su cargo en 1943. A partir de este momento comenzó a conspirar contra España.
Excedente sin razón alguna, López entendió la necesidad de revelarse contra  la metrópoli. Entonces comenzó la llamada conspiración de La Mina de la Rosa Cubana. Por desgracia sus intenciones no fueron la libertad de la isla sino su anexión a los Estados Unidos.
El movimiento de La Mina de la Rosa Cubana debÃa estallar simultáneamente en Trinidad, Cienfuegos, Sancti SpÃritus, Villa Clara y Matanzas en la fecha señalada. Pero el artemiseño Cirilo Villaverde, amigo de López, lo convenció para aplazar las acciones y sumar en ellas al Club de la Habana. Sufren una delación y Narciso tiene que partir hacia Nueva York. De inmediato en Cuba lo declararon un traidor y lo condenaron a muerte.
Fue Narciso López quien diseñó la bandera de la estrella solitaria y el escudo de la palma real, encargo que dio a Miguel de Teurbe Tolón. En dos ocasiones desembarcó en Cuba con el objetivo de derrocar al gobierno. La primera de ellas por Matanzas, controlando la ciudad por 48 horas e izando la bandera por primera vez en Cárdenas. El segundo intento fue aún peor para Narciso y se produjo por BahÃa Honda, actual provincia de Artemisa.
En su segundo desembarco el ejército lo acorraló en las Pozas hasta que lograron capturarlo por la delación de uno de los suyos. Narciso fue trasladado a la Habana y condenado a muerte por garrote vil. La orden fue dada por el mismo José Gutiérrez de la Concha, que combatió en España bajo sus órdenes y ahora fungÃa como Capitán General de la Isla.
Narciso López fue ejecutado el 1 de septiembre de 1851. Momentos antes de morir declaró su convicción de una Cuba norteamericana cuando dijo.
Mi muerte no cambiará los destinos de Cuba.
Estaba en lo cierto. Al final los destinos de Cuba los cambiamos los propios cubanos y los cambiamos para bien
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