La vacuna de Erdwin Vichot

Artemisa, Cuba.- Hay seres humanos que parecen hechos de una materia especial. Son esos que sorprenden por su multiplicidad de talentos. Los que emiten una luz incapaz de ser opacada ni por las situaciones más difíciles ni por las contingencias más serias.  Es el caso de Erdwin Vichot Blanco. Un hombre que para suerte de Artemisa es hijo de esta tierra, y al que quizás en la mochila de los aplausos este rincón del occidente aun no le ha hecho justicia.

A la maestría de este Hendrix tropical, al que el laúd se le vuelve extensión del cuerpo y no instrumento, se le suma la unción de los poetas. Decimista ingenioso, con amplio manejo de las metáforas y un sello campesino, Vichot demuestra en sus obras que el laúd y la palabra son solo vías por las que canaliza la magia verdadera: El enorme corazón de este bautense.

Leal a su visión del mundo  y a la esencia de nuestros campos y de la música salida de ellos, Vichot libra su carga a  fuerza de espinela en las redes sociales, en los medios de comunicación. Se hace acompañar de otros grandes o acude a la soledad de una habitación que es ya reconocida para las notas que  arranca de las cuerdas. La pandemia de Covid 19 no frena el impulso del creador.

Cada propuesta se recibe por el público con asombro nuevo y gratitud sentida. Alrededor de Erdwin se extiende una trinchera  que no permite el paso a las enfermedades porque en el alma tiene el antídoto de la belleza. Esa belleza que dosifica en sus entregas para permitirnos el deleite que lo habita, el éxtasis que experimenta. En esta realidad y no en discursos  se aprende la cualidad salvadora del arte.

No es la Covid 19 la única pandemia que azota a Cuba en los tiempos actuales. También la  penetración cultural, el ostracismo  de nuestros géneros originarios, la farandulización de los públicos y un consumo  cada vez más acrítico de las propuestas creativas. En tal contexto pululan la mediocridad y el seudo arte. Son precisos entonces artistas  que defiendan la cubanía. Embajadores de la identidad nacional. Conocedores de los símbolos con un alto compromiso con la estética.

Ese es Erdwin Vichot, un guajiro que combina los trastes y las cuerdas con las cuartetas y las rimas. Un hombre que también salva  desde su esquina del mundo, que también es la nuestra. Un artemiseño que tiene mi aplauso por encontrar una vacuna, no contra el coronavirus, sino contra la banalidad y la ignorancia.