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Renito Fuentes sabe decir a tiempo

Artemisa, Cuba.-José René Fuentes Cintado (Renito) es un hombre al que el tiempo parece preocuparle. Algo lógico si se piensa en que este bardo ha vivido mucho y en su balanza el tiempo que queda es relativamente menor al que ya se ha ido. ¿Cómo recuperarlo? ¿De qué manera? El artemiseño lo hace a través de la poesía y Tiempo recuperado es, más que un poemario, la expresión material de todo aquello que ha cultivado en su paso por la vida.

Según Goethe es insensato el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente.

En el caso de Renito, y lo dice a través de su poesía, se ha investido de recuerdos que lo hacen feliz. Conoce la importancia de la memoria para el ser humano y esa memoria cultivada se convierte en la fuente de la que brota su poesía. En uno de sus sonetos nos alerta. Cuidemos la historia, que la historia, si no tiene un espacio en la memoria, la grandeza parece menos grande.

Tiempo recuperado  es la conjunción de decimas, romances y sonetos. El apego de este versado por las estructuras literarias tradicionales  nos dice su aprehensión por el pasado desde la forma. El contenido se abre en un diapasón de conceptos y valores estéticos que van, desde sus tierras grande y chica o su medio natural campesino, hasta su familia. Pero es el tiempo el leitmotiv de su discurso y parece ofrecer en la entrelectura de sus páginas como Isabel, Todas mis posesiones por un momento más de tiempo.

Desde la obra primera de la colección Fuentes Cintado nos dice Antes, cuando yo tenía veinte años más o menos mis ríos estaban llenos hasta cuando no llovía. Evoca de esta forma la vitalidad de su pasado y el optimismo desbordante de su época juvenil. Esa juventud no se apaga en el escritor que, por momentos, encarna la tesis del escritor judío Franz Kafka cuando asegura que  La juventud es feliz porque tiene la capacidad de ver la belleza.

Cualquier persona que mantiene la capacidad de ver la belleza no envejece. Como plantea el autor de La Metamorfosis en el encuentro con la belleza radica la fuente de la eterna juventud. No obstante sostiene. Siempre he sido optimista, pero pienso: ¿Acaso llegaremos a mañana?

 

Según Isaac López El pasado nos limita, pero el futuro nos atemoriza. El único lugar seguro es el presente. Renito Fuentes se sienta en ese presenta a realizar una retrospectiva y hace, en Tiempo recuperado,  el inventario de sus posesiones espirituales. Luego mira hacia adelante y aparece ese temor cuando plantea:

Cada vez que el invierno se aproxima las tardes me parecen menos bellas. Un halo nostálgico lo embarga, aparece con independencia de su discurso formal, porque la finitud de la vida es una interrogante perenne que existe más allá de su voluntad y aflora incontenible. Vuelve a la carga en los versos en que dice No es fácil ahora imaginarse cómo luego las cosas podrán ser, cuando empiecen el alma y el placer en el polvo del tiempo a disiparse.

Si bien la filosofía de Sófocles nos anuncia que La vejez y el paso del tiempo enseñan todas las cosas, hay que decir que nadie simpatiza con la muerte. Algunos pensadores como el escritor norteamericano Mark Twain piensan que El miedo a la muerte se deriva del miedo a la vida.

Un hombre que vive completamente está preparado para morir en cualquier momento. No discuto la posición del hombre de Connecticut cuando así se expresa. Solo me gustaría acentuar que la expresión vivir completamente es demasiado subjetiva  y que la palabra vivir desde su propia epistemología contradice cualquier alusión a la expiración material. Se puede estar entonces preparado para morir sin haber vivido  completamente. Lo que habría que definir es la dimensión en la que lo completo no es infinito y la muerte es entonces posible. 

El escritor se inviste de sus fantasmas, de sus vivencias, para paliar los miedos naturales de la existencia. Sabe que el tiempo es irrecuperable y por eso en Tiempo recuperado parece coquetear con la postura de Jean-Louis Barrault cuando afirma que La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.

Esa juventud perpetua aparece en la virilidad y la fortaleza de sus imágenes que confunden al lector, porque adivina a un escritor bisoño. Recuerda uno al famosos pintor Pablo Picasso cuando planteaba aquello de que  Se necesita mucho tiempo para ser joven.

De cualquier forma no llega solo Renito Fuentes a esta encrucijada que le pone el tiempo. Los primeros en asistirlos son sus antepasados. El abuelo que se quedó ciego, la abuela que le curaba las heridas con telarañas del techo, su padre Joaquín que al irse le dejó la casa como una ciudad desparecida, la madre que le aconsejaba sabia: haz con tus pies el camino.  

Sabe Renito como Giuseppe Mazzini que  Los únicos goces puros y sin mezcla de tristeza que le han sido dados sobre la tierra al hombre, son los goces de familia. No desconocela fuente primigenia de lo que es y desde el verso rinde homenaje a los cimientos sobre los que se asienta su realidad actual. Luego presenta a su familia actual, la construcción personal que perpetuará su paso por la tierra.

Todo se parece tanto que pienso en Niurka y en Tania, pequeñitas como eran, juntas en la misma cama. Y en Zunilda, desde luego, como un ángel de la guarda cuidando el sueño profundo de dos muñecas que cantan. La familia se establece como una garantía de que ese tiempo valió la pena. Son la manera de afianzarse en la realidad otra. El amor como razón para vivir y como movilizador del tiempo.

Podría decir Renito de su media naranja como Jorge Luis Borges: Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.

 Sin embargo las referencias  coinciden con la nostalgia. Vuelve  en otro poema a utilizar este recurso cuando convoca a la luna para que le lleve un beso  de padre a Tania y a Niurka, y uno a su esposa Zunilda que duerme entre cuna  y cuna. Es entonces depositario el poeta de la sabia sentencia de Antoine de Saint-Exupéry: El tiempo que has pasado con tu rosa es lo que la hace importante.

O dicho de otra forma el tiempo que más duele fue aquel tiempo en el que no estuvimos junto a los seres queridos, porque no pudimos decirles lo importantes que son para nosotros. 

La separación de los suyos hiere en los versos escritos de forma llana y directa. Penetra en el lector sin dar tiempo a protegerse y uno termina doliéndose en la necesidad del poeta. Nos hace partícipes de esa concepción de la familia tan cercana que se ajusta a la de John Boyne  cuando plantea que Un hogar no es un edificio, ni una calle ni una ciudad; no tiene nada que ver con cosas tan materiales como los ladrillos y el cemento.

 Un hogar es donde está tu familia. Tiempo recuperado nos muestra ese hogar. Nos da la posibilidad de compartir la intimidad del escritor en su entorno, de conocer sus temores y sus aspiraciones, de compartir sus miedos y sus alegrías.

Precisamente ese hogar tiene, en el libro, su expresión concreta también en el campo, en Güira de Melena, en Artemisa y en Cuba. Renito Fuentes. Hace alusión en sus versos a su riqueza de origen pobre, a esa suerte de pertenecer a esa Diosa muchos más divina cuanto más occidental. Llora por el estado de Cajío, la playa añorada a la que llega encontrando el rostro verdadero de la muerte. Añora su patria desde las noches lejanas.  

Se toma un tiempo para defender el universo que lo rodea y que forma parte del mundo amado. Vibra ante el maltrato a los animales, ante el daño al medio ambiente, ante la destrucción de la humanidad por la guerra, el odio y la maldad de muchos. Renito se cuestiona la naturaleza de los seres humanos y los compara con tigres por lo mortales. En Tiempo recuperado el autor nos insiste en el desarrollo de la espiritualidad. Acentúa el lado sensible del lector ante el niño desvalido, el pichón con las alas partidas, Daniel, el niño quemado  que se le adentró en el alma.

Este último con imágenes desgarradoras, porque la guerra es para el bardo, una pérdida de tiempo. Porque solo sembrando amor y colocando nuestro tiempo y nuestra vida al servicio de los demás  podemos hacer la diferencia. En las palabras de Heródoto de HalicarnasoNingún hombre es tan tonto como para desear la guerra y no la paz; pues en la paz los hijos llevan a sus padres a la tumba, en la guerra son los padres quienes llevan a los hijos a la tumba.

Tiempo recuperado es, en fin, un libro para disfrutar en el que el autor tiene un objetivo claro: Quiero hacer un poema diferente que no hable del dolor del ser ausente, pero ¿Cómo lograrlo? ¡Por favor! En la búsqueda de ese poema Renito se entremezcla con sus ausencias. No toma el tiempo como Albert Einstein que lo declara una ilusión. Tampoco intenta responder la interrogante de Walt Whitman cuando  dice ¿Sabes que la vejez puede venir con gracia, fuerza y fascinación?

El poeta nos deja sus versos que lo trascenderán. Mientras continúa escribiendo. Otras obras emergen de su enjundia campesina y de su enorme talento. Otros poemas continuarán este camino que comenzó Tiempo recuperado. No sabemos por cuantos años. Ni el mismo Renito o sabe. Nos dice Seguirán arribando, no lo dudo, cada agosto será como un saludo atado a la armazón del viejo puente. En tanto, se consume mi energía tratando de saber inútilmente  cuantas naves resiste la bahía. Ojalá tenerlo por muchos años como a su obra. ¿Quién sabe si es eterno? A la larga, como dijera Como dijera Charles Chaplin: El tiempo es el mejor autor; siempre encuentra un final perfecto.

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