El Garrotero

Por lo que es, algunos lo adulan, otros lo repudian. Van a él sin importarles el rosario de abusos. Donato Ordóñez Echemendía  es un hombre alto, de pelo rizado y piel cobriza. De su cuello cuelga una gruesa cadena dorada. Adorna sus dedos con sortijones  de piedras incrustadas.
   Arrellenado en el asiento delantero de su automóvil, sale a visitar a sus clientes en horas de la tarde. Al pasar, saca un brazo para saludar. Algunos responden, otros lo miran disimulando su desprecio. Cuando a sus oídos llega lo que se habla sobre su oscura fama, sonríe y comenta: “Yo lo sé, por eso cada vez que vienen a mí, los jodo”.

No le niega un préstamo a nadie, siempre que haya garantía, ya sea una sortija de oro, un reloj de marca, una casa o una hacienda. Regularmente, los que solicitan préstamo se ven impedidos de pagar los réditos. Así  ha ido acumulando su caudal, hasta convertirse en el hombre más acaudalado del pueblo.
   Los mayores repudios expresados contra El Garrotero han sido algunos atentados, de los que ha logrado salir ileso. Las autoridades no actúan por estar atadas a él.
   Damián y Dolores, dueños del  Baní-Bar, necesitan ampliar su negocio .No disponen del dinero para la inversión y acuden al prestamista Donato, pensando en salir airosos. Reciben la cantidad requerida mediante la garantía exigida.
   Damián y Dolores se sienten satisfechos al concluir la inversión. El Baní-Bar recomienza con mejor servicio y mayores ofertas y su clientela aumenta. Dos meses más tarde la situación cambia y la flamante instalación apenas es visitada. Donato se frota las manos. El derrumbe del poder adquisitivo en la población genera ventajosos negocios para él. Damián y Dolores, temerosos, ven como  la fecha del pago de la deuda se va acercando.
   Dos días antes del plazo, como acostumbra,  el prestamista detiene su automóvil  frente al Baní-Bar. Entra y ocupa un espacio en la barra, ahora vacía. Dolores, al verlo, algo inquieta, se acerca a atenderlo. Donato da un vistazo al ligero escote de la mujer y pide una cerveza.
--- No te pregunto cómo estás porque las palabras sobran. Pero sí puedo decirte que  en este pueblo no hay otra que te iguale.
   Dolores lo mira con un gesto de repudio que no puede evitar. El garrotero  se percata, apaga la sonrisa y aparece en él su verdadera estampa.
--- ¿Sabes que dentro de dos días se vence el plazo?
--- Si, lo sé y nos hace falta una prórroga…
   Mientras ella  habla de la solicitud, los ojos de Donato recorren de arriba abajo el cuerpo de Dolores, y le vuelve la sonrisa, esta vez, más insinuante:
--- Con una prórroga se duplicarán los intereses.
--- También lo sé. Las cosas no han salido como esperábamos.
--- Está bien --- responde sin  apartar la vista de lo que más le llama la atención. Y piensa que la gente cuando está en dificultades serias, no le importa cualquier sacrificio para resolverlas. Es el momento propicio para lanzarse:--- Yo… estaría dispuesto a hacer una concesión contigo y todo quedaría saldado…
--- ¿Concesión? ¿Usted haciendo concesión? ¿Qué tipo de concesión?
--- Vamos, Dolores, no te hagas. Tú sabes a qué me refiero. Una sola vez. Ni Damián ni nadie se van a enterar…
--- ¡Sucio! ¡Salga de aquí! Y sólo vuelva cuando se haya vencido la prórroga!
   El prestamista ni se inmuta, ríe irónico y le responde:
--- Está bien, pero no olvides que mi proposición sigue pie.
   Pasan algunas semanas y el plazo llega a su fin. Damián y Dolores esperan la llegada de El Garrotero de un momento a otro. Es el último día del Bani-Bar. La vida se les viene abajo. Saben que Donato no perdona.
   Aprovechando el poco despacho, Dolores ha salido. La espera y la monotonía hacen mella en Damián. Se mueve sin poderse detener entre la barra y la entrada al local.
   Ya anochece cuando entra un enviado del prestamista. Entra y se dirige a la barra donde se encuentra Damián y le entrega un sobre. Extrañado, lo abre, y para su sorpresa, ahí, ante sus ojos, está la propiedad del Baní-Bar. Y adjunto al documento, una nota dirigida a Dolores, en la que le dice: “Dolores, tratándose de ti, mi proposición se mantiene, pago por adelantado. Te espero esta noche, Donato”.
   Tras leer la nota, Damián  queda atolondrado. Durante unos minutos se mantiene inmóvil,  mirando hacia la salida por donde acaba irse el mensajero. Mantiene apretado el sobre en sus manos y una rígida expresión en su rostro. Luego da unos pasos. Parece reaccionar. Esperará por Dolores. Mantiene abierto el Baní-Bar hasta la hora de cerrar. Ella no ha llegado.
   A la mañana siguiente, el periódico local La Voz destaca en su primera plana: “Hallan muerto en su residencia al señor Donato Ordóñez Echemendía, conocido como El Garrotero”.