
El reino sigue intocable. Penetrar en su fortaleza resulta difÃcil, ni siquiera con el consentimiento de la morena de trenzas color de la bandera.
Demostrar quién es verdaderamente, en los tatamis de los Juegos Panamericanos, no fue difÃcil. La rival por la corona en Toronto, resultaba más que conocida, la mexicana, Vanessa Zambotti, a la cual habÃa derrotado en diez ocasiones, de las doce en que la tuvo enfrente.
El combate se mostró lento en el primer minuto. Ambas judocas examinaron la postura ofensiva de su rival. El profesor VeitÃa pidió a Idalys el ataque, pidió hacerse sentir en el tatami y asà lo hizo.
Dos Shidos para la nuestra, tres para la mexicana, y el combate favoreció a la joven de 25 años en la final del judo panamericano, donde revalidó el tÃtulo conseguido hace cuatro años en la anterior edición de Guadalajara.
No por esperado dejó de estremecer. Otra vez la mano en alto como muestra de dominio y triunfo. Otra vez la sonrisa fresca como los amaneceres de su Candelaria natal, mostraron la sencillez de nuestra campeona. Otra vez el salto de alegrÃa y el abrazo con VeitÃa, escenas cotidianas para Idalys, desde que comenzó en el judo.
Ippon ante la costarricense Kenia RodrÃguez y la estadounidense Nina Cutro-Kelly, respectivamente, llevaron a la monarca olÃmpica y dos veces mundial a la discusión del cetro en Mississauga, en Toronto.
El yudoguis blanco, cual pureza que guarda en el alma la campeona de Artemisa, resultó casi inalcanzable para Zambotti. No podÃa ser de otra manera. Idalys era una medalla segura en Canadá y no defraudó a la confianza de miles de sus seguidores.
Este es el inicio de un sendero luminoso rumbo a RÃo de Janeiro. No hay tregua. Persiste el compromiso de repetir la corona olÃmpica y lo sabe Idalys, por eso entrena, roba horas al descanso y trabaja, trabaja con la certeza de seguir ocupando un puesto en el reino del Olimpo.