Esta vez no pudo escalar la cima, no pudo colgar en su pecho la preciada medalla, para que el oro brillara como lo hace su sonrisa. Eso poco importa si existe entrega, coraje, valor y deseos sobre la bicicleta. Poco importa, si el respeto se impone como lo hace esta chica. Poco importa, gracias a ella el Himno de Bayamo se escuchó muchas veces en los mejores escenarios.
Sin oros, pero en el podio, la joven ciclista de Artemisa terminó con dos platas y un bronce en el ciclismo de pista de los Juegos Panamericanos de Toronto en Canadá. Habilidad, confianza, destreza y un pedaleo parejo y coordinado, permitieron a Marlies MejÃas GarcÃa saborear la élite panamericana, estar junto a las mejores del mundo, Sarah Hammer, JazmÃn Glaesser, Monique Sullivan, Luz Gaxiola y Juliana Gaviria. También estuvieron otras, otras que no pudieron llegar tan lejos como la chica de Güira de Melena.
Allà estuvo Marlies, sin complejos, con los sueños acuestas y el prestigio de ser multimedallista en Copas del Mundo, Juegos Centroamericanos y Panamericanos. Pedaleó con el alma en la última prueba. Era el ómnium de los Juegos en Toronto. ParecÃa que se quedaba sin preseas cuando faltaban sesenta vueltas al óvalo. El cansancio rondaba las piernas de la campeona. HabÃa perdido la tercera posición entre las corredoras y se propuso escalar.
Llegó el octavo sprint y otra vez entre las mejores. Se coló como lo hacen las grandes. Entró en el podio y la sonrisa por un bronce con sabor a oro no faltó en el rostro de Marlies.
TodavÃa resta la ruta del ciclismo en Toronto. Volverá a rodar su bicicleta en busca de la gloria. Sus rivales la conocen, la respetan, la admiran. El podio panamericano le pertenece desde Guadalajara. Irá en su búsqueda, marcará el paso entre las mejores y brillará, estoy convencido de que brillará.