El oro que se hizo leyenda

El oro que se hizo leyenda enorgullece, agiganta, estimula. Llegó en las piernas de un joven ariguanabense de solo veintidós años, quien compite en las Olimpiadas Especiales en Estados Unidos.
En busca de un sueño se fue a Los Ángeles, Orlando Rodríguez Díaz. Voluntad de acero y pasos agigantados, lo elevaron a la cima de los inmortales.
Su carrera impresiona, despierta elogios, arranca aplausos de los presentes en las tribunas del estadio, mientras él, supera la línea de meta con el brazo en alto. Se sabe campeón olímpico.
Sabía lo que quería y fue en su búsqueda. Una medalla de oro era posible en estas olimpiadas. Esa fue su meta y no cejó en el empeño de lograrla. La distancia de doscientos metros planos lo tuvo como protagonista y registró tiempo de (23.88) para ceñirse la corona.
Estar en la final fue el mejor premio a su entrega, amor y disciplina. Fue la consagración entre los grandes del deporte en el Ariguanabo, también la conquista de un oro que se hizo leyenda.
Llegar era un premio, pero Orlandito quería más, sabía que podía y en cada zancada en busca de la meta, puso el corazón y la técnica.
Aquí, en el barrio, todos atentos al televisor. Nadie se quiso perder un detalle de cada reporte desde Los Ángeles. Era el mediodía del 30 de julio y el ariguanabense hacía historia. Se convertía en el primer medallista de San Antonio de los Baños, en Juegos Olímpicos. Tamaña proeza para el pequeño gigante.
Abrazos, saltos, gritos, besos, lágrimas. Todos querían un pedacito de esta gloria. Orlandito se agigantó entre muchos y en cada frase de elogio hacia su mamá Yudith, estaba impregnado el esfuerzo, las horas de entrenamiento y el desvelo por hacer realidad esta hazaña.
Se humedecen las pupilas. Se sonroja el rostro. Se entrecorta la voz y palpita más fuerte el corazón. En busca de un sueño estuvo Orlandito. ¡Lo consiguió! Ya es campeón olímpico.
Falta más. Faltan los cien metros, donde también es favorito para el oro. No será Carl Lewis, tampoco Asafa Powell, mucho menos Usain Bolt, pero es el nuestro. El chico callado y sonriente que hace hablar a sus piernas mientras corre y convierte un oro en leyenda.
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Monarcas del Deporte
“Cotico”
Para muchos era el mejor. Su nombre quedó grabado en la memoria de todos los que le conocieron en un diamante de béisbol. Apenas alcanzaba el noveno grado....
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