De la zona de confort a la zona de aprendizaje

Por estos días, casi finalizando el año, hacemos un balance  de cómo nos fue y cuáles de nuestras metas personales logramos materializar, qué nos proponemos para el siguiente

Puede que te preguntes cómo quieres que sea tu futuro y no tengas una idea concreta; pero sí sabrías lo que no quieres que te ocurra, aunque no sepas cómo lograrlo.

Desde pequeños/as nuestra familia y nuestros maestros nos enseñan ¡uf! de todo. Puede que se preocupen ¡y ocupen! de que adquiramos conocimientos, desarrollemos hábitos y habilidades que nos servirán para toda la vida.
Los padres trabajan intensamente y de buena fe para que seamos personas de bien; pero a veces olvidan o no saben qué hacer para que aprendamos a confiar en nosotros mismos.

Al final de cada año podríamos descubrir que pusimos nuestra felicidad en manos de otros/as y permitimos que tomaran decisiones por nosotros. Nos quedamos en lo que metafóricamente han llamado zona de confort porque es lo que conoces.

Tus hábitos, habilidades, conocimientos, actitudes y comportamientos son también parte de tu zona de confort. Por ejemplo, aunque te diga que cada año se diagnostican más casos de VIH y que podrías  evitar cualquier  infección de transmisión sexual teniendo sexo protegido, sencillamente si usas condón desde allí de tu zona de confort no te decides porque para ti  o tu pareja no constituye un problema.

Allí, alrededor de tu zona de confort,  ¡está tu zona de aprendizaje! que es  la zona a la que sales a ampliar tu visión de futuro, tienes nuevas sensaciones, observas, experimentas, comparas, aprendes a cambiar.

Cambiar no significa que pierdas lo que tenías o lo que eres. Si crees en ti podrás afrontar  y gestionar los miedos. Si crees en ti, serás protagonista de tu vida. Recuerda que lo que no decidas tú lo harán otros por ti. Has crecer tu autoestima, date nuevas oportunidades, arriésgate y si te equivocas ten en cuenta que eres un ser humano y no lo sabes todo ¡y estás aprendiendo!  Felicidades.