SOS: Anorexia y bulimia

SOS: Anorexia y bulimia

Luego de estos días de celebración del fin de año y  la llegada del año nuevo es común que aparezcan en nuestros hogares  diversos  trastornos digestivos. Muchas personas rompieron la dieta o se proponen ejecutarla a partir de ahora.

Hubo quien no pudo limitarse ante el cerdo asado, los dulces y  la variedad de platos que preparó la abuela. Este fenómeno me provocó investigar un poco en el  tema de los  desordenes en la alimentación. Me refiero a dos patologías muy relacionadas. La anorexia y la bulimia.

La anorexia es un trastorno de la conducta alimentaria. Supone una pérdida de peso provocada por el propio enfermo y lleva a un estado de inanición. Se caracteriza por el temor a aumentar de peso, y una percepción distorsionada del propio cuerpo que hace que el enfermo se vea gordo, aun cuando su peso se encuentra por debajo del recomendado.

Esto provoca la tendencia  a los ayunos y la reducción de la ingesta de alimentos. Lo usual es que comience con la eliminación de los carbohidratos, por la falsa creencia de que engordan. Luego rechazan las grasas, las proteínas e incluso los líquidos. A estas medidas drásticas se le suman otras como la utilización de diuréticos, laxantes, purgas y vómitos provocados.

Las personas afectadas por anorexia pueden perder desde un quince  a un cincuenta por ciento de su peso corporal, en los casos más críticos. Esta enfermedad suele asociarse con alteraciones psicológicas graves que provocan cambios de comportamiento, de la conducta emocional y una estigmatización del cuerpo. Todo esto daña la relación del enfermo con su entorno.

La edad de inicio de la anorexia se sitúa en la primera adolescencia, en torno a los doce años  y el rango más afectado se extiende hasta los dieciocho.

En un noventa y cinco por ciento de los casos, la anorexia afecta a mujeres jóvenes, aunque en los últimos años se produjo un aumento en hombres, mujeres adultas y niños. Los hombres tienen más posibilidades de ocultar el trastorno al no estar  sometidos a un juicio social tan fuerte. Esto favorece que el tratamiento sea más difícil, pues la enfermedad se diagnostica cuando ya se encuentra en un estado muy avanzado.

Existen colectivos más propensos a sufrir estos trastornos, es el caso de las gimnastas, las bailarinas o las modelos. Pero también se reconocen factores desencadenantes de un comportamiento anoréxico como la propia obesidad del enfermo, la obesidad materna, la muerte o enfermedad de un ser querido, la separación de los padres.

Otros factores pueden ser  el alejamiento del hogar, fracasos escolares, accidentes o sucesos traumáticos. En la anorexia nerviosa se pueden distinguir dos subtipos. El primero es el restrictivo. En esta modalidad  el enfermo consigue la reducción de su peso corporal mediante dietas o ejercicio físico intenso y no recurre a sobre ingestas, atracones o purgas.

En el caso de la anorexia del subtipo bulímico es aquella en la que  el enfermo recurre a las purgas después de ingerir los alimentos aunque se trate de una cantidad pequeña. Esta actitud comienza como algo alternativo y luego resulta muy difícil dejar de hacerlo, con las respectivas consecuencias para la salud digestiva y general de los practicantes. Por esta razón las dos variantes de anorexia son peligrosas y deben ser atendidas por el personal facultativo con rapidez. De esa forma se logran evitar consecuencias desagradables  o permanentes.

Al igual que la anorexia, la bulimia incluye los temores del exceso de peso. Pero también períodos ocultos de comer en exceso, los llamados atracones, que pueden ocurrir varias veces a la semana o incluso varias veces al día. Mientras comen en exceso, las personas pueden sentirse fuera de control. Pueden consumir miles de calorías con alto contenido de hidratos de carbono y grasa  en cantidades mayores  de lo que una persona sana ingiere en una sola sesión. Después, los individuos tratan de deshacer el hecho tan pronto como sea posible, obligándose a vomitar o por el mal uso de laxantes y enemas.

En la bulimia el temor a engordar afecta de manera directa los sentimientos y emociones del enfermo, influyendo en su estado anímico que en poco tiempo desembocará en problemas depresivos. Este padecimiento se inicia casi siempre en la adolescencia o al principio de la vida adulta. Es más común en las mujeres pues, de cada diez casos solo uno es hombre.

Los atracones suelen empezar después o durante un período de régimen dietético. Otra de las causas es la presión sociocultural que induce a adolescentes a pretender alcanzar un cuerpo delgado y esbelto. Esto se evidencia en los comerciales donde aparecen mujeres de esbeltas figuras, o la moda textil que solo se fabrica ropa para personas muy delgadas.
Decía que la bulimia se asocia a prácticas no saludables como vomitar, abusar de laxantes y diuréticos, usar saunas o baños calientes para perder líquido corporal, el ejercicio excesivo, fumar para saciar el apetito, tomar pastillas para adelgazar y restringir el consumo de líquidos.  Estos trastornos alimentarios pueden causar problemas de salud a corto o largo plazo como erosión dental, deficiencias nutricionales, irregularidades menstruales, baja densidad ósea, deshidratación y estrés por calor, arritmias cardiacas y trastornos renales.

El tratamiento de la bulimia es más eficaz en las primeras fases del desarrollo de este trastorno pero el diagnóstico y el tratamiento no suelen presentarse solo hasta que el problema es un ingrediente permanente en la vida del paciente. Los especialistas consideran  que, ante la bulimia, el mejor recurso es la terapia de grupo o terapia cognitivo-conductual.

 Las personas con anorexia o bulimia suelen recibir el mismo tipo de tratamiento pues muchas veces los pacientes padecen ambas enfermedades de manera simultánea. Algunos denominan a este fenómeno intercambio de síntomas.

La anorexia y la bulimia parecen tremas de películas. Algo que a nosotros no nos va a suceder. De cualquier forma nuestra sugerencia es estar prevenidos y al tanto, sobre todo con los adolescentes. Recordemos el bulling y lo vulnerables que son nuestros jóvenes. Lo mejor es no correr riesgos.