
!Cuanta belleza abunda en las páginas de un libro!; cuantas palabras que encierran el significado de la vida y sus múltiples ideas. Adentrarse en una biblioteca es traspasar el umbral de lo real a lo maravilloso donde nos espera el bibliotecario, guardián perenne de los miles de volúmenes que se esconden en los estantes a la espera de los lectores ávidos de conocimientos.
Este paraje de lo intelectual es su morada; cada dÃa le vemos abrir las puertas a quienes buscan algo más; algo que no se encuentra hasta que nos decidimos a buscar en estos grandes salones donde reina el silencio y la magia de la lectura.
Siempre nos recibe con su mejor sonrisa, dispuesto a brindarnos hasta el mÃnimo atisbo de información. Desde su pequeño espacio observa cada rincón, nada escapa a su revisión pues cuida de que sus retoños, los libros, estén en buenas manos.
A veces están blancos en canas, por la experiencia acumulada en tantos años sumergidos en su tarea principal, ser los salvaguardas de un patrimonio que se conserva ajeno al embiste del tiempo y cuyo pilar fundamental es preservar nuestra historia y ponerla a disposición de las nuevas generaciones.
Sea este el dÃa para reconciliarnos con las viejas tradiciones y volvamos la cabeza hacia ese lugar que llamamos biblioteca y donde su protector, el bibliotecario nos aguarda. Aún hoy, cuando los teléfonos celulares no paran de sonar, continúan esperándonos para que podamos sentirnos partes de algo que vale la pena conservar.