El amigo del amigo
Hay hombres que nacen con luz propia y con ella iluminan la vida de los demás. A él le tocó iluminar el futuro de todo un país para el que el tiempo y el espacio se habían detenido en un recodo del camino, sin esperanzas y sin sueños.
Hugo Rafael Chávez Frías, encendió la llama de la independencia en Venezuela, despertó las pasiones aletargadas de los sueños del Libertador Simón Bolívar. Se convirtió en el hombre de pueblo que sustituyó el dolor, la miseria y el analfabetismo por educación, salud y dignidad.
El Comandante Presidente amigo eterno de Fidel y de los cubanos sonó una Latinoamérica unida y así nacieron proyectos como UNASUR, el ALBA, entre otros que se irguieron como escudos de defensa de la libertad y la dignidad de los pueblos situados al sur del Río Bravo hasta la Patagonia.
Quizás la muerte sintió celos de su hidalguía y su valentía sin par y pretendió arrebatarle su luz, pero no pudo. Esa luz se multiplicó en un pueblo Chavista, paradigma de latinoamérica. Esa luz no se quedó en el Cuartel de la Montaña sino que asumió la condición de faro y guía de procesos integracionistas, de cada victoria frente al imperialismo salvaje y brutal.
Chávez vive hoy más que nunca. Los hombres como él no mueren porque la muerte no puede borrar las ideas cuando éstas llevan el signo de la justicia y la libertad en sus entrañas.
Chávez no se fue. Volvió acompañado por el Ché, Martí y Bolívar, se sumó a las pléyades que hoy muestran el camino del futuro para los pueblos hermanos. Gloria eterna al amigo del amigo.




