
Artemisa, Cuba -La radio tiene alma, se alimenta de sueños, de risas arrebatadas, de emociones alimentadas, de un público que se niega a dejarla morir.
La radio tiene alma y lo descubrà en las palabras de aquella adolescente a quien la vida le arrebatara la visión pero que la dotó de una sensibilidad innata, la misma sensibilidad con la que me aseguró que el sonido tiene vida y la capacidad de pintar colores en medio de la oscuridad y de explicar el mundo para aquellos que como ella no pueden verlo.
Cientos de grandes escritores y artistas de nuestro paÃs dieron sus primeros pasos en la radio y todos la catalogan como una escuela y es que resulta difÃcil transmitir emociones, sentimientos, recrear una escena dolo a través de la palabra y el sonido y ahà radica la magia de este medio que por casi un siglo ha acompañado el devenir de la nación.
La radio es Cuba y Cuba es la radio. Se traduce en inmediatez de la noticia, en historias de vida de gente común, en opinión que educa, en mensaje que transforma criterios, en palabras que forjan voluntades.
Ahà están los huracanes para demostrar el valor de nuestro medio, de personas que desafÃan viento y lluvia para mantener viva la noticia, de profesionales comprometidos con la verdad.
Noventa y cinco años se dicen fácil, lo difÃcil es vivirlos, es descubrir la magia de penetrar en los hogares y quedarse para ser parte de la familia, es sumarse años cambios que impone la tecnologÃa para mantener viva la tradición de amanecer acompañado del sonido. No se concibe a Cuba sin la radio, más que sonido es tradición, historia, patria y Revolución.