
Una lágrima corre en su rostro, ella recuerda su triste pasado. La inocencia de su infancia la privó de muchos sueños. Era un perÃodo difÃcil en la Cuba de entonces, momentos de frustraciones económicas que cegaron el presente de muchas familias, la de mi protagonista no fue la excepción.
Siete décadas después sigue siendo la misma Jorgelina que aun llora al revelar el comienzo de su juventud, porque sus quince años pasaron inadvertidos. Ella hoy es una madre ejemplar que como muchas otras progenitoras festejó este segundo domingo de mayo con alegrÃa.
Su juventud transcurre entre penurias inolvidables y la ausencia de una muñeca prometida que jamás cargó en sus brazos. La protagonista de esta crónica detalla su vida. De momento su llanto me asusta, sus manos tiemblan, su voz se transforma. Evitó hurgar en el vestigio de su existencia, pero siempre caemos en la génesis de su pasado.
Esta hija ausente de Guanajay y adoptiva de Mariel se siente feliz, comparte cada segundo en compañÃa de su esposo Jose Ezequiel Concepción y con su único hijo y querido José Luis.
Miseria y sufrimientos son huellas imborrables en sus años de infancia. Ser empleada domestica fue la única salida que encontró Jorgelina Balseiro para sobrevivir del hambre y las penurias del capitalismo. TodavÃa no habÃa triunfado la Revolución.
Su vida como la de muchas otras mujeres cambió aquel primero de enero de 1959. Hace un tiempo esta humilde y sencilla madre pensó que morirÃa atrapada entre escombros. El deterioro de su bicentenaria casa se revierte desde hace unos meses en un hogar de futuro. Por eso su convicción de madre ejemplar, esposa y amiga revolucionaria es hoy su mejor exaltación.