
Muchísimas son las personalidades e innumerables son los hechos que abogaron y conspiraron para convertir a nuestra pequeña islita en lo que es hoy: un pueblo libre, soberano, pero sobre todo orgulloso de sus raíces.
En no pocas ocasiones hemos investigado sobre lo ocurrido no solo hace años sino también siglos atrás, apoyándonos principalmente en unos abuelitos colmados de sapiencia, y que nuestra lengua materna nombró “museos”, esos espacios silenciosos y descoloridos para algunos, pero cargados de magia y de conocimiento para quienes se interesan por revivir nuestra historia.
Para el artemiseño municipio de Güira de Melena fue imprescindible encontrar un espacio donde se pudiera mostrar los granitos de arena con que se fue construyendo nuestra localidad. De ahí que el 13 de diciembre de 1980 viera la luz el Museo Coronel Juan Manuel Sánchez Amat, institución que desde muy niña regalaba destellos de historia a quienes acariciaban su interior.
Desde sus inicios el Museo ha variado su ubicación, su estética y su estructura interna, pero lo que sí ha sido una constante son sus salas permanentes, que invitan al público a emprender el vuelo hacia los hechos históricos y las personalidades más relevantes que figuran en la medicina, la educación, el deporte, la cultura y otros espacios desde la fundación del municipio en 1878 y hasta el Siglo XXI.
En esta etapa de su vida este ancianito omnisciente güireño se encuentra deseoso de recibir su nuevo guión museológico y museográfico, en busca de incorporar no solo las mil 332 piezas en exposición sino también las que aún están guardadas por falta de espacio.
Recrear personalidades y fragmentos de los inicios de Güira de Melena es la función principal que desempeña el Museo Coronel Juan Manuel Sánchez Amat, instalación por donde desfila diariamente un sinfín de estudiantes, ávidos por conocer las anécdotas que guardan los objetos ubicados en cada vitrina o el suceso reflejado en las fotografías y pinturas que cuelgan en las paredes, esas que, a pesar de estar limpias y recién pintadas, continúan despidiendo olores que apelan a nuestra sensibilidad y despiertan el interés por revivir nuestra historia.