
A María por tanta sensibilidad… “Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo” Con esta frase de José de la Luz y Caballero quiero comenzar esta remembranza de María, ella que por tanta sensibilidad logró que hoy la recuerde como la Carmela de mi vida. Carmela es la maestra de Conducta, un filme cubano de Ernesto Daranas donde la maestra se desarrolla como el personaje más querido, más amado, más recordado…
Carmela narra las alegrías y tristezas de una vida dedicada, como dijera el apóstol a “hacer hombres piadosos y útiles” y mi maestra María lo hizo con mi grupo de primero a cuarto grado siempre con la premisa de estudiar, estudiar, estudiar…
Maria se emocionaba cuando 4to A -mi grupo- obtenía mejores resultados académicos que 4to B, cuando en los matutinos nos reconocían como tremendos artistas o cuando en las reuniones de padres, estos, no vacilaban en agradecerle y elogiarle por su trabajo.
La última vez que la vi fue en uno de mis viajes de Artemisa a San Cristóbal, fue un encuentro fortuito, ese día Mi maestra María y yo hablamos de mis compañeros de estudio. Recordamos que de ese grupo A de primero a sexto estaban saliendo ingenieros, psicólogos, doctores en medicina, periodistas, cibernéticos y hasta una de las trompetistas de la Orquesta Anacaona. Fue una cita breve. Las veces que he vuelto al pueblo no he sabido de ella. Mis amigos de primaria tampoco me han dicho.
No sé si María todavía tenga un grupo A de primero a cuarto grado, no sé si aún imparta clases en el Semi Internado Gabino Labrador, no sé si esté retirada ya… lo cierto es que después de aquel encuentro que el azar nos regaló no supe más de mi maestra.
Pero tengo certeza de que su mayor gratificación la recompensa de ver a sus discípulos convertidos en buenos hombres y mujeres.
Y ahora mientras le dedico estas palabras, recordar la entrega del sello de pionero Vanguardia, el galardón de alumna destacada en la solución de problemas, sus besos junto al regalo del diploma “El beso de la Patria”, y las primeras clases que recibí en mi vida inauguradas siempre con una fábula, fueron motivos sobrados para enorgullecerme de haber tenido también una Carmela, mejor porque fue la mía.
Por ello no se me ocurre otro final. Termino; como al principio…
A María por tanta sensibilidad…