Singular familia de Quiñones

En el consejo popular Luis Carrasco-Quiñones, de Bahía Honda, encontramos la cantera de igual nombre, cuyos obreros reconocen que son una gran familia.
Construir un hogar, una escuela o un consultorio médico no resulta fácil. Aun cuando el inmueble sea pequeño, sería imposible concretarlo sin la logística correspondiente. Un eslabón determinante en este pro-ceso es el aporte de los trabajadores de las canteras, quienes invierten horas y esfuerzos para convertir las rocas en áridos y crear los cimientos de un hogar resistente.
En el consejo popular Luis Carrasco-Quiñones, de Bahía Honda, encontramos la cantera de igual nombre, cuyos obreros reconocen que son una gran familia. “Si se rompe un aparato todos nos volcamos en la reparación; el centro surgió en 1975 y los equipos son muy viejos”, dijo Rolando González, fundador y ayudante de cantera.
“La planta estuvo detenida en los meses de julio y agosto de 2014 por la rotura del eje del remoledor. Lo reparamos en la fábrica de cemento de Artemisa. También nos afectó la falta de materia prima (piedra) por dificultades con el equipo barrenador”, explicó María Magdalena Núñez, su administradora.
“El trabajo, es fuente de fuentes, cincel, pincel, creador, evocador, es amigo que une, añade y sonríe, avigora y cura”. Esta idea de José Martí pudiera resumir la actitud de esos obreros, quienes superaron sus compromisos y aportaron al cumplimiento del plan de la provincia.
Cuando arribó a los 20 654 metros cúbicos de áridos previstos para 2014, esta familia de “canteros” asumió la producción de otros 2 000 necesarios para que la Empresa de Materiales de la Construcción de Artemisa cumpliera. “Iniciábamos las labores sobre las 5:30 am y concluíamos a las seis de la tarde. Primaron el entusiasmo, la disciplina, la unión y el comprometimiento”, resaltó la administradora.
Ubicada en el yacimiento Luis Carrasco, la planta deviene segundo hogar para María Magdalena y su equipo. “Entré como ayudante de cocina hace 30 años. Era muy curiosa, siempre quería aprender y hacía muchas preguntas cuando llevaba la comida a los trabajadores”, reconoce.
Elena, como le llaman, asumió la administración hace 17 años. Al decir de Leonel Santana, operador y mecánico con 36 abriles de labor en la planta, ella hace lo posible porque demos todo en el trabajo.
Pero esta mujer, sencilla, conocedora de un oficio que exige gran entrega, siente un orgullo especial por sus compañeros de trabajo. “Sin ellos sería imposible mantener la planta activa y con estos resultados”, enfatiza.
Su impronta tiene gran impacto en la conservación de la técnica. El cargador, vital para el funcionamiento del centro, tiene 11 años de explotación y parece nuevo. “Ella exige por su cuidado y se ‘faja’ por la piezas de repuesto”, afirma Severino González, operador.
Según el geólogo Julio César Ravelo, la roca caliza de Quiñones reúne los parámetros requeridos de granulometría y resistencia para cualquier tipo de material de construcción, cualidades muy conocidas por el colectivo de la cantera. Por esto aspiran a aportar más granito, arena artificial y gravilla. Otro molino los pondría en condiciones de lograr ese sueño. No obstante, con el antiguo, esa gran familia no cesará de contribuir al desarrollo de la provincia.




