Crónicas
Guanajay hospitalaria ciudad de occidente

Parece que el tiempo se detiene en las columnas de las centenarias edificaciones de la ciudad de Guanajay. Se escucha todavía el rugir del cauce del rio Capellanías que atraviesa de un extremo a otro la Villa. Mucha historia falta aun por contar en un pueblo con una rica tradición y con hijos que llenan de orgullo el pasado y el presente.
Guanajay se transforma poco a poco y se convierte en una ciudad funcional que beneficia a su gente. Aun los coterráneos de este pueblo tienen la dicha de disfrutar cada una de las costumbres de antaño. El parque central sigue siendo ese sitio de reencuentro, rodeado de edificios que marcan el glorioso pasado de la también conocida Atenas de Occidente. Adicionar comentario >
Cuando hay amor

Cuando ese sentimiento llamado amor existe en la atención médica, esta adquiere el poder de eficacia que todo paciente espera. Así ocurre con los ancianos, desde que reciben la primera dosis de ese mágico medicamento en la consulta de la doctora Aleida Santana Vargas, en el policlínico “Flores Betancourt”, de Caimito.
Por ello, cuando corrió el rumor de la posible suspensión de su consulta, las personas de la tercera edad y sus familiares de toda la localidad reclamaron la permanencia de la atención que Aleida les brinda con la generosidad y aliento que la caracterizan. Adicionar comentario >
Toque de amor a las calles Bauta

Zoila Caridad Martel Hernández sube al tractor, cada mañana bien temprano, para poner un toque de amor a las calles del municipio artemiseño de Bauta.
Ella es la abeja reina de un comando de seis o siete hombres que van sembrando la flor de la limpieza en aquellas calles del pueblo donde los indolentes botan escombros, basuras y otros desechos que no puede recoger el equipo destinado a esa tarea diaria de saneamiento de la cuidad. Adicionar comentario >
El alma de la mujer es paz, pureza, sencillez y sobre todo luz

La mujer se crece y no encuentra obstáculos en su andar por los largos y empedrados senderos de la vida, merece el respeto y la admiración de todos.
Pero si ésta despierta a la mañana sin el temor al campo mojado, ni al sol ardiente de la tarde, con el ímpetu y mano fuerte para realizar el agotador corte manual en los campos de caña entonces debemos quitarnos el sombrero ante ellas. Adicionar comentario >




