No al fraude académico.
En muchas ocasiones se habla sobre el compromiso y los ineludibles valores como estudiar, aprovechar al máximo las oportunidades de prepararse bien para ser más útiles y que el esfuerzo que realicen de frutos, pero esto solo se logra con preparación, con el protagonismo de los dirigentes estudiantiles y con el enfrentamiento día a día contra el fraude académico.
Pienso que seguir formando y preparando a maestros que den respuesta a las necesidades del proceso docente – educativo es tarea de primer orden para quienes tienen la convicción de la perfección del sistema educacional cubano.
Debemos concientizar que el fraude académico es una acción negativa que atenta contra los valores éticos y morales de la personalidad y en consecuencia limita las habilidades creativas, innovadoras y transformadoras del individuo que la practica.
El trabajo en colectivo o en equipo, donde el criterio de cada sujeto aporte algo nuevo y novedoso al conocimiento de todos es una estrategia que a mi entender logra que la capacidad intelectual se desarrolle.
No es menos cierto que los docentes deben velar porque estas incidencias no sucedan en el transcurso de las clases, ni dejar pasar por alto algún error en la revisión de exámenes, pero lo más importante es que la familia juega junto a la escuela un papel determinante en la formación de hábitos, habilidades y el sello distintivo de cada ser humano.
Si logramos ganarle la pelea al fraude académico, despertando en cada educando y educador la responsabilidad de sus acciones y fomentando el desarrollo de su intelectualidad propia lograremos entre todos dar un no rotundo al fraude académico. Una cuestión de honor y respeto a los principios lo constituye acabar de una vez por todas con el fraude académico que tanto deteriora la labor del maestro y el esfuerzo de algunos estudiantes.



