Un buen control

En estos tiempos mucho se habla acerca de las indisciplinas sociales. En ocasiones las mismas personas que conviven en sociedad No respetan los patrones establecidos. Arrojar desechos en las esquinas, destruir obras patrimoniales, No obedecer los códigos en la vía por ejemplo, son algunos motivos que afectan la convivencia  social.

¿Qué entendemos por indisciplina social? En busca de la etimología de la palabra encontré: “Falta de disciplina para mantener el orden entre los miembros de un grupo”. Como integrantes de una comunidad, en nuestro sistema socialista estamos implicados en las actividades que se llevan a cabo a nivel social. Para obtener un objetivo común es imprescindible la toma de conciencia y cooperación de cada individuo.

¿A quién No le gusta vivir en un sitio donde prevalezca la organización? No resulta inalcanzable ni es una utopía cumplir con los requisitos para mantener una sociedad ordenada y tranquila. En tal caso debemos cooperar, y los encargados en imponer el orden deberán poner mano fuerte con el fin de lograr este propósito.

Sin embargo, como dijera  el dúo Buena Fe, la maldita culpa No la tiene nadie. Y es que recae siempre en la indisciplina social la falta de control que deben establecer las autoridades en determinadas circunstancias.

Seré más específica. ¿De qué manera la población contribuye con la limpieza de una localidad si No aparecen colectores en las calles? ¿Acaso existe siempre alguien encargado de multar o corregir a quienes arrojan basura o lanzan botellas en los parques sin cuidar la propiedad social? Si en otras provincias del país se cumple con tales requisitos, en nuestra joven provincia debíamos tenerlo como premisa.

Es muy fácil echarle la culpa a la indisciplina social pero tengamos en cuenta que todos somos parte de la sociedad. Y una vez más depende de cada responsable mantener el orden; crear conciencia para lograr el respeto a la disciplina ciudadana. Entre todos podemos lograrlo; en cambio No puede faltar un buen control.