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La filosofía del Control Interno

La filosofía del Control Interno

Artemisa, Cuba.- En más de una ocasión me he referido al Control Interno, a la Comprobación Nacional como espacio y al Sistema de Trabajo, como proceso, reconozco que a veces identifico al mismo como una herramienta de trabajo y creo que en parte me asiste la razón cuando así me expreso. Pero hoy quiero llamar la atención sobre el asunto, porque el control no llega a ser una herramienta eficaz cuando no se convierte en  una filosofía.

El Control Interno Administrativo o Contable  para algunos no es más que un enredo de conceptos y leyes difíciles de digerir en el entramado empresarial o presupuestado, que se ajustan más a los aparatos económicos que a la administración de la entidad, a pesar de lo que diga la resolución 60 del 2011, no se logra en ciertos espacios darle la importancia que requiere y habituados al sistema del trabajo por campañas solo se le dedica tiempo por momentos. Cuando pasa la comprobación se pasa a otro tema y del control interno nos acordamos cuando vuelve el recontrol.

No se instaura como una filosofía y por esa razón aparecen las causas y condiciones de las indisciplinas, las violaciones de la ley, los hechos de corrupción y delictivos, los errores simples o las grandes catástrofes y la falta de resultados como consecuencia de todas esas manifestaciones. Funciona como la visita que llega a una escuela y, como están avisados,  todos salen bien aunque tengan que pasarse la noche anterior  actualizando documentos. Cuando esto sucede no se logra la efectividad del Control Interno, los resultados son ficticios.

Soy de los que piensa que la operatividad limita el alcance y no logramos llegar a lo importante porque lo urgente no nos deja tiempo. En materia de Control Interno las acciones aisladas  no resuelven. Se hace necesaria la sistematización de medidas, la identificación de riesgos y vulnerabilidades, la dedicación de tiempo a la tarea para que rinda.

Si no la concebimos de esta forma desestimulamos el proceso y uno percibe que sus esfuerzos son en vano, que responden a esquemas burocráticos y que llenando los papeles resolvemos el problema. Este asunto no acaba de entronizarse en la mentalidad de los cubanos y eso tiene un efecto. Cada año la Contralora General de la República informa al país el daño económico de millones de pesos en ambas monedas, detectado en la Comprobación Nacional. La lista de sancionados, demovidos y entregados a los tribunales no es pequeña y se repiten los discursos.

El reciclaje de cuadros, y funcionarios no resuelve el problema. Los que llegan resuelven el asunto del Plan de Medidas y cuando lo concluyen informan el cumplimiento de las acciones al ciento por ciento y engavetan el tema hasta la próxima auditoría o comprobación.

Decía el Che que para obtener resultados en la construcción del Socialismo era necesario desarrollar la conciencia. Con el control interno esa conciencia tiene que alcanzar el nivel que permita la custodia de los recursos y su aprovechamiento óptimo sin iniciativas, con lo que está escrito y legislado que es suficiente. No hay que inventar el agua tibia sino hacer lo que nos corresponde. Convertir el Control Interno en una manera de pensar, en un esquema de trabajo que forme parte del sistema o sea la base del mismo. El resto son solo buenas intenciones.

Sería provechoso no hablar más de que tenemos el control interno solo porque elaboramos el Plan de Prevención y  aplicamos algunas normas. Control es sinónimo de examen, vigilancia, observación. Interno quiere decir hacia adentro. Pongamos entonces estos conceptos en nuestra mente y no en los papeles. De esa forma tendremos los resultados que el país necesita en lo ético y en lo productivo.






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