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Hacer producir la tierra con bloqueo o sin bloqueo

Artemisa, Cuba.- Uno de los sectores más afectados en el país por el bloqueo económico comercial y financiero contra Cuba es la agricultura. Uno de los frentes que más atacan nuestros enemigos con medidas directas e indirectas, con estrategias de desestabilización y desabastecimiento, con ataques biológicos y prohibiciones en el acceso al mercado de insumos y semillas.

La Revolución cubana conoce muy bien la  manera de actuar del imperialismo yanqui, que aunque con nuestro pueblo es más hostil, también afecta a otros países en vías de desarrollo. La maquinaria capitalista desarrollada subsidia la agricultura en la gran nación con el objetivo de hacerla fuerte y ponerla a competir contra países que dependen por entero de lo que obtienen de la tierra.

Hemos visto a través del tiempo sus acciones contra nuestra caña, nuestra masa porcina, nuestros granos, nuestro cítrico. Sus persecuciones contra la adquisición de combustibles también nos limitan el alcance de las metas y el cumplimiento de las estrategias. Cada reacción de parte nuestra, cada iniciativa de nuestros investigadores, tienen una respuesta negativa desde el vecino. Una manera diseñada desde equipados laboratorios para que no logremos avanzar.

La unión de nuestros campesinos, la voluntad de nuestro Estado y la participación de la ciencia en los procesos nos han permitido sostenernos. Hoy podemos exhibir resultados halagüeños en materia genética, en la agroecología, en la agricultura sostenible y en el desarrollo de la agricultura de base familiar.

Los cubanos logramos activar las cadenas productivas y sacar el mayor rendimiento de nuestros campos, desmontando marabú y flexibilizando mecanismos diabólicos que respondieron a momentos puntuales y hoy entorpecen y frenan el ritmo del sector.

En mi opinión, todos los cubanos sabemos que el bloqueo, particularmente en  la agricultura es real y aún así algunos campesinos tienen mejores resultados que otros. Algunos pelean duro con el surco  y obtienen niveles altos de viandas, hortalizas, frutales, granos y carne, mientras otros obtienen justificaciones y quejas.

Es cierto que hay que  engrasar el mecanismo del pago a los productores. No puede ser el propio Estado quien ponga la zancadilla a los guajiros.

Cuba entregó las tierras a quienes las trabajaban desde 1959 y no lo hizo para ponerles barreras que cercenaran su avidez de hacer, sino para que sembraran, cosecharan y criaran para el pueblo. Hacer lo contrario sería jugar en la misma novena de los que nos imponen el bloqueo.

Las fórmulas son muchas. Pero Raúl fue muy claro cuando dijo que la tierra está ahí esperando por nosotros. La tierra está ahí con bloqueo y sin bloqueo y es ella la que nos va a proporcionar la riqueza en correspondencia con nuestro esfuerzo. Los que nos imponen un cerco y nos fustigan con sus medidas son aquellos a los que no les conviene ver al país próspero.

Son los antiguos dueños de las grandes extensiones. Los grandes empresarios que salieron corriendo en aquel enero y se llevaron sus fortunas, engordadas con la miseria del campesinado, el parasitismo, el desalojo y una precaria situación general. Por eso nuestros hombres del sombrero de Yarey saben que el bloqueo está ahí, pero no se dejan intimidar por esa medida arbitraria.

Saben que si el hombre sirve la tierra sirve. Sabe que el país los necesita. La sangre que abonó cada centímetro de tierra desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí  tiene muchos frutos por dar todavía.

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