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¿Iguales?

Día de la Raza

Artemisa, Cuba.-No soy especialista en el tema pero tengo la impresión de que afirmar que ”todos somos iguales” es un error. Un concepto poco serio si no viene acompañado de un complemento circunstancial que explique o ubique en qué o donde lo somos.

Todos somos iguales ante la ley pueden decir unos. Otros expresan que todos somos iguales ante Dios. Pero la realidad es que todos somos diferentes y eso no es una mala noticia. La singularidad de cada persona la hace especial, única. Otra cosa es afirmar que todos tenemos iguales derechos.

El Día de la Raza puede ser una efemérides  controversial porque la palabra en sí se asume por algunas personas y sociedades como un estigma. Ser europoide, negroide o mongoloide  dejó de ser importante hace mucho tiempo en el vocabulario internacional. Nos convertimos en negros, blancos, amarillos o indios en el mejor de los casos. Otra forma peyorativa de calificar nuestra diferencia utilizando un color es la denominación de rojos,  y en este caso se refieren a los comunistas.

Llama la atención  que es la tendencia a buscar este tipo de sociedad como paradigma en una nación la que más ha hecho por el ser humano. La que más ha buscado la igualdad de oportunidades, la que más ha limado las diferencias y la que ha hecho la guerra al capital y al mercado que sí determinan la valía de hombres y mujeres según su raza o posición económica.

No somos iguales y eso es bueno. La pluralidad de nuestras etnias, credos, preferencias o géneros nos aporta una variedad inestimable. Según el más universal de los cubanos “Hombre es más que negro, más que blanco, más que mulato; cubano es más que negro, más que blanco, más que mulato”.

En esta frase no solo jerarquiza al género humano sino que el apóstol sitúa la cubanía como una condición mayor.  La construcción del socialismo en Cuba no nos hace perfectos, pero nos ubica en el camino del bien y de hacer lo correcto, no ya por los habitantes del archipiélago, sino por la humanidad.

La esperanza de un mundo con igualdad de derechos y oportunidades, donde unos pocos no sean los dueños de la mayor parte de las riquezas, donde no existan personas viviendo en los túneles subterráneos, ni en condiciones de esclavitud, está definitivamente  en una alternativa que mira más allá de la raza.

Las características físicas o genéticas no definen la pureza de nuestra especie. Son los valores y los principios, es la actitud ante la vida la que nos hace dignos o no de vivir en la Tierra. Para suerte de los cubanos estamos entre los rojos, los que apuestan por un mundo mejor.

Pero al mirar por dentro nuestra sociedad encontramos a negros, a mulatos, a blancos y  una interesante mezcla fortalecida en el crecimiento diario y la unidad real.  No se trata solo de lo que plantea la Constitución de la República. Se trata de la percepción ciudadana, no libre aún de rezagos de prejuicios heredados,  donde el valor radica en el aporte, en la capacidad, en la mera existencia.

El Día de la raza es preciso entender que somos diferentes. Que cada uno tiene raíces distintas, pero en el caso de los cubanos  nos fundimos también en el rojo, que puede ser el verde olivo u otro símbolo. Gracias a Fidel y los barbudos tenemos, desde 1959, el color de la dignidad.

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