
La honestidad es a mi juicio uno de los valores que más engrandecen al hombre. Junto a ella se insertan otras conductas que también constituyen reglas humanas inherentes a las personas solidarias, justas, incapaces de engañar y mucho menos traicionar, intransigentes con lo mal hecho, en fin, las mujeres y hombres honestos llevan en sí el suficiente decoro para considerarlas personas dignas.
Todos estos atributos no se logran proclamando a voces que lo somos. Se alcanzan con el ejemplo de todos los días, en todos los lugares y horas. No funciona hablar de un modo y actuar de otro. Eso es doble moral. El honesto no tiene que decir que lo es, simplemente lo es, y nada más, lo demás lo reconocen las personas que te rodean, quienes evalúan tus actos, esos a quienes respetas o los que consideras son tontos y tratas de engañar, y digo tratas porque aunque no te lo digan no logras el negativo propósito.
Nuestro Comandante en Jefe, en su concepto de Revolución dice que es no mentir jamás ni violar principios éticos, sin embargo hay quienes con argumentos fríos, vacíos y muy baladíes, andan por la vida, utilizando palabras bonitas, agradables, pero sin una gota de veracidad ni ética.
El reconocimiento a lo verdadero, lo honrado, estar siempre del lado de la razón, sea quien sea, es demostración de honestidad, porque es una posición inadecuada hacer lo contrario. Por todo lo antes expuesto me parece oportuno reconocer a tantos cubanos ejemplos de este valor humanos no perdido, pero que debemos engrandecer cada día más inculcando a nuestros hijos la conducta adecuada como un ser humano digno.
En una ocasión en que conversé con el doctor Pedro Pablo Rodríguez López, estudioso de la obra Martiana con varios libros escritos sobre el Maestro, le pregunté cuál era la virtud que más admiraba en Martí y sin vacilar me respondió: su honestidad. El hombre de la Edad de Oro pasó por la vida dejando una estela de amor, valentía, patriotismo y por supuesto su honestidad como todo su pensamiento y obra son paradigma para los l que desee ser una buena persona.