
Artemisa,Cuba-Calles sin basura, ni escombros; personas que conversan sin que nadie les interrumpa o pase entre ambos sin pedir permiso, balcones desde donde se lanzan sonrisas; música solo para el disfrute privado, muros limpios; manos tendidas para ayudar a los ancianos, respeto por el orden público.
No, no es un sueño¨, esta es una realidad alcanzable para todos los cubanos. Y yo creo que la merecemos.
Sin embargo es una gran contradicción, porque al tiempo que abunda el disgustos de la mayoría por la complicada convivencia, que hoy viola normas elementales y va de la mano de la falta de educación y la indisciplina, a veces son los propios vecinos de la comunidad los que atentan contra esa vida más confortable, higiénica y ordenada que todos deseamos.
Deprime ver como la sociedad que soñó Martí, que construyó Fidel y por la que murieron tantos cubanos , hoy esté en decadencia por el deterioro de valores , la mala educación y las indisciplinas sociales que laceran todo el ejemplo que un día representamos para el mundo.
Es inadmisible que prevalezca el desorden , el sálvese quien pueda, el egoísmo, el individualismo , la indolencia y el sociolismo, cuando nada de ello se corresponde con los principios en los que se fundamenta nuestra sociedad socialista, esa que queremos construir con igualdad de deberes y derechos para todos.
Es lamentable el conformismo social ante manifestaciones de conductas inapropiadas, que en lugar de rendir tributo y honor eterno a quienes murieron y lucharon para que tuviéramos un país digno, profanan su memoria.
Conductas, que antes eran propias de personas marginales, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de palabras obscenas y la chabacanería al hablar, hoy se incorporan al actuar de no pocos ciudadanos, sin importar su nivel educacional o edad y todo esto sucede ante nuestras narices, sin incitar la repulsa y el enfrentamiento de los ciudadanos.
Hoy proliferan los indisciplinados que botan su basura y otros desechos fuera de lugar, que dañan el transporte público, ensucian o escriben paredes, parques, jardines y áreas verdes. Sin embargo la mayoría de las personas ni siquiera se conmueve ante estas situaciones, tan solo por no buscarse problemas o porque deben ser las autoridades , con una mayor exigencia las que hagan cumplir lo establecido.
La batalla contra las ilegalidades, las indisciplinas y el delito, no depende solamente de la voluntad política y el accionar de las entidades y organismos responsables de la labor de enfrentamiento. Empieza por cada uno de nosotros, por nuestra casa y en la comunidad, desde no quedarnos callado ante lo mal hecho hasta no formar parte de esa cadena de violaciones que, a la postre, nublan los verdaderos objetivos de nuestro proyecto social. Este es un problema que afecta a todos, y solo unidos podemos resolverlo.