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Pedro Ortiz Cabrera, una vida arrancada por el odio.

Artemisa, Cuba.- El joven Pedro Ortiz Cabrera nació en una familia grande y de escasos recursos. Como  la escuela le quedaba alejada tuvo que esperar a cumplir los siete años  para que sus padres Luisa y Nemesio lo dejaran ir hasta Chivirico a recibir lecciones.

Aunque Ortiz Cabrera nació en un pueblecito de Matanzas el 22 de febrero de 1953, no fue hasta 1960 que pudo matricular en la escuela primaria Antonio Guiteras, en Río Grande. Allí cursó desde el primero hasta el sexto grado con muy buenos resultados.  

Desde muy joven se incorporó al trabajo, primero en la recogida de café y luego como machetero, destacándose en la Zafra del Pueblo, en el central azucarero Paquito Rosales. Por esa razón le propusieron que se integrara a la Columna Juvenil del Centenario y a la Unión de Jóvenes Comunistas. La vanguardia de la juventud cubana.

En el año 1973 Pedro Ortiz recibe las mejores noticias de su vida. Fue seleccionado para ingresar en el Ministerio del Interior y pasar la escuela de la Policía Nacional Revolucionaria. En la escuela Rigoberto Batista Chapman, de Santiago de Cuba lograría  alcanzar el noveno grado.

Cuando concluyó sus estudios, Ortiz Cabrera fue designado a prestar servicios en el Regimiento de Protección a Sedes Diplomáticas que cuidaba la integridad territorial de las misiones diplomáticas acreditadas en Cuba.

Eran tiempos difíciles por la campaña de descrédito a la revolución promovida desde los Estados Unidos. Los grupos anticubanos alentaban a los criollos a asilarse en la embajada para huir del “terror” socialista y desde adentro, algunos elementos indeseables y rezagos de la burguesía más recalcitrante les seguían el juego.

En la sede diplomática de Venezuela en la Habana unos de esos inescrupulosos pagados por los yanquis proyectaron un camión contra la cerca de la embajada, pero no lograron sus propósitos por la actuación de los custodios. En esa acción se destacó Pedro Ortiz por la rápida y contundente respuesta, Por esa razón lo asignaron  al grupo encargado de proteger la embajada de Perú.

Pedro Ortiz era un oficial muy responsable. No le gustaba llegar tarde. A pesar de su seriedad para el trabajo resaltaba por ser jovial y dicharachero. Había sido delegado al XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Era muy estricto en sus funciones. Exigía a quien relevaba una detallada información acerca de las incidencias de su turno y el estado del sector y siempre lo situaban en las postas de mayor responsabilidad.

Por aquellos días el ambiente estaba caldeado. El gobierno militar de Francisco Morales Bermúdez, se sumó al complot de los yanquis y otorgó asilo político a los elementos antisociales. La idea era desprestigiar a la revolución.

En su turno de guardia de aquel día 1 de abril de 1980, Pedro Ortiz Cabrera advirtió a sus compañeros acerca de algunos choferes que transitaban por 5ta Avenida en actitud sospechosa. Aseguró convencido Pedro Ortiz: “Solo pasando sobre mi cadáver, podrán franquear mi posta”.

A las tres y treinta de la tarde, salió de la terminal de ómnibus de Lawton, el ómnibus conducido por un individuo de pésima conducta social. Tenían claros sus propósitos. Por eso cuando concluyeron el recorrido habitual, el chofer llamó por teléfono a la terminal y reportó que estaba ponchado. Fue autorizado a regresar vacío.

Al reiniciar la marcha el ómnibus llevaba en su interior a seis elementos antisociales.

A las cinco de la tarde Pedro vio desde su puesto de custodio como el ómnibus con los seis individuos arremetió a toda velocidad contra él en busca de la sede diplomática. Fue muy rápido. Ortiz Cabrera  logró herir a dos de ellos antes de que lo asesinaran.

Los compañeros del regimiento llegaron de inmediato. La guagua estaba incrustada contra la cerca y a Pedro lo trasladaron muy rápido para el hospital Finlay. En el trayecto intentaron quitarle el cinturón, pero ni estando herido dejó que lo desarmaran. Solo lo soltó al reconocer la voz de uno de sus compañeros de guardia.

La muerte de Pedro Ortiz Cabrera fue una sentida pérdida para la revolución cubana. El joven revolucionario fue ejemplo de disciplina y sacrificio, a su sepelio asistieron miles de cubanos para rendirle tributo al joven que regresó convertido en héroe a su pueblo natal.  

FUENTE: Pedro Ortiz Cabrera. Ecured. Pedro Ortiz Cabrera en la memoria. El héroe de los sucesos en la embajada de Perú.

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