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Finca Marta, sueño agroecológico de un científico cubano

ESPECIAL: Finca Marta, sueño agroecológico de un científico cubano

Artemisa, - Adonde quiera que uno mira en la Finca Marta, localizada en la provincia cubana de Artemisa (oeste), todos los matices del verde inundan las retinas y se respira un aire transparente y fresco, con un ligero olor a tierra húmeda.

La Finca Marta es un paraíso agroecológico en Artemisa, a unos 20 kilómetros al oeste de La Habana y muy cerca de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM), la nueva joya de la corona de la economía de la isla.

Vistos los frutales florecidos, las hortalizas reverdecidas y los animales robustos, es difícil creer que hace menos de una década, esas ocho hectáreas fueron consideradas como la peor tierra de una zona eminentemente agrícola.

El éxito actual es resultado del empeño y del conocimiento de Fernando Funes Monzote, un hombre de 48 años recién cumplidos, con doctorado en producción ecológica y conservación de los recursos por la Universidad de Wageningen, en Holanda.

"La Finca Marta es un proyecto agroecológico familiar. Es una decisión de nuestra familia de involucrarnos en la vida del campo cubano y una disposición a hacer para contribuir de alguna manera con el desarrollo agrícola de nuestro país", explicó Funes a Xinhua, mientras recorría el área.

Egresado en 1995 de la Universidad de Ciencias Agropecuarias de La Habana como ingeniero agrónomo, Funes tuvo una ascendente carrera que lo llevó a visitar más de 40 países como conferencista y obtener una maestría en la Universidad Internacional de Andalucía, en España.

A fines de 2011, sin embargo, dejó atrás todo para lanzarse hacia su sueño de tener una finca en que aplicar todo el saber acumulado y recoger la experiencia de los campesinos en la práctica de la agroecología.

"Mi vida profesional estuvo vinculada a la agricultura, particularmente a la ecológica", compartió al agricultor.

"Y eso me dio la motivación suficiente para dar el salto posterior, es decir, cómo llevar todo a la práctica y socializar el beneficio de lo que había estudiado", explicó mientras fumaba un habano con fruición.

Funes, acompañado por su esposa Claudia Alvarez, a quien considera como el verdadero sostén del proyecto, dejó de manera momentánea la casa donde viven con sus dos hijos, de 20 y 22 años, en el Vedado, un céntrico barrio habanero.

Serapio, un anciano campesino de 92 años, le cedió la posibilidad de trabajar en un terreno abandonado, lleno de maleza e infectado de marabú, un arbusto espinoso de fácil propagación.

Sin agua, con suelos rocosos y de poca profundidad, convertir aquella superficie en un vergel parecía una descabellada idea.

El ingeniero agrónomo no flaqueó, motivado sobre todo por el deseo de honrar el legado de su madre, Marta Monzote (1947-2007), una reconocida investigadora y promotora de la agroecología en Cuba.

Después de desbrozar una área, el primer paso fue construir un pozo a partir de las indicaciones del campesino Juan de Dios Machado, una especie de zahorí cubano, que ha perdido la cuenta de los manantiales que ha encontrado.

Catorce metros de excavación a mano y siete meses un día después, el pozo se convirtió en una realidad.

Ayuda ahora a regar un centenar de canteros en forma de terrazas con más de 60 plantas de diferentes tipos, la mayoría hortalizas, una decena de distintos árboles frutales y unas 100 colmenas, además de brindar agua fresca a 16 animales, entre vacas, toros y caballos.

Casi 8 años después, la Finca Marta, donde no se usan productos químicos, comercializa de manera directa cada cosecha, que vende a restaurantes privados y a empresas estatales, aunque entrega una parte a la comunidad de manera gratuita.

La miel, de la que obtienen cada año casi 100 kilogramos por colmena, el doble de la media nacional, se ha convertido en un rubro importante, y ahora preparan una instalación para pasar del envasado en tanques a recipientes de porciones pequeñas.

En la finca funciona además un singular restaurante ecológico, que abre una o dos veces por semana cuando reciben visitantes interesados en la vida rural de la isla, quienes de paso prueban un menú con productos orgánicos.

El proyecto es un modelo productivo integral para reciclar nutrientes, al permitir tomar los recursos naturales sin degradarlos y utilizar diferentes tipos de energías renovables.

Entre estas modalidades alternas está el bombeo de agua a través de paneles fotovoltaicos, la producción de biogás y el reciclaje de biomasa.

La finca, que en la actualidad cuenta con 14 trabajadores, mantiene también un estrecho contacto con universidades habaneras y recibe a alumnos interesados en agricultura sostenible.

Hace apenas unas semanas, Funes recibió en la finca al príncipe Carlos, el heredero de la corona británica, quien realizó una visita de tres días a Cuba como parte de una gira por 10 países de la región.

Carlos se interesó tanto por el proyecto agroecológico del cubano, que una estancia planificada para 45 minutos se extendió a más de una hora.

Pero la visita más recordada por Funes es la del ya fallecido ex presidente cubano, Fidel Castro, quien recorrió la hacienda el 2 de abril de 2016, luego de conocer el trabajo que allí se realizaba.

"Un par de meses antes, Fidel me había invitado a visitarlo para que conociera sus resultados en una pequeña finca cerca de la casa donde pasó sus últimos días y en reciprocidad yo lo había invitado a visitarme", contó Funes.

Castro, quien estaba muy interesado en la agricultura como vía para aumentar la producción de alimentos, estuvo cerca de tres horas interesándose por cada detalle productivo del proyecto, una visita que Funes guarda en su memoria como un tesoro.

Precisamente, como compromiso con el fallecido líder cubano, el especialista presentó a las autoridades un proyecto de Comunidad Agraria Sustentable, una área de unos 5 kilómetros que agrupará varias fincas, todas cercanas a la ZEDM, para aprovechar los planes de crecimiento de esa zona.

La intención es establecer un cinturón que conecte la producción de alimentos con el agroturismo y el establecimiento de sistemas agrícolas sustentables, conectados a un modelo de vida rural comunitaria a escala territorial.

Funes es un convencido de que la importancia de su proyecto está en lo que puedan irradiar desde la Finca Marta para multiplicar el sueño agroecológico de un científico cubano.

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Imagen del 17 de abril de 2019 del campesino Juan de Dios Machado mostrando un pozo de agua que construyó en la Finca Marta, en la provincia de Artemisa, aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de La Habana, capital de Cuba. La Finca Marta, donde no se usan productos químicos, comercializa de manera directa cada cosecha, que vende a restaurantes privados y a empresas estatales, aunque entrega una parte a la comunidad de manera gratuita. (Xinhua/Joaquín Hernández)

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Imagen del 17 de abril de 2019 de trabajadores laborando en las colmenas en la Finca Marta, en la provincia de Artemisa, aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de La Habana, capital de Cuba. La Finca Marta, donde no se usan productos químicos, comercializa de manera directa cada cosecha, que vende a restaurantes privados y a empresas estatales, aunque entrega una parte a la comunidad de manera gratuita. (Xinhua/Joaquín Hernández)

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Imagen del 17 de abril de 2019 de trabajadoras laborando en la plantación de hortalizas en la Finca Marta, en la provincia de Artemisa, aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de La Habana, capital de Cuba. La Finca Marta, donde no se usan productos químicos, comercializa de manera directa cada cosecha, que vende a restaurantes privados y a empresas estatales, aunque entrega una parte a la comunidad de manera gratuita. (Xinhua/Joaquín Hernández)

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Imagen del 17 de abril de 2019 del cubano, Fernando Funes Monzote (i), quién está al frente del proyecto agroecológico familiar de la Finca Marta, realizando una de sus actividades cotidianas, en la provincia de Artemisa, aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de La Habana, capital de Cuba. La Finca Marta, donde no se usan productos químicos, comercializa de manera directa cada cosecha, que vende a restaurantes privados y a empresas estatales, aunque entrega una parte a la comunidad de manera gratuita. (Xinhua/Joaquín Hernández)

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Imagen del 17 de abril de 2019 del campesino Juan de Dios Machado laborando en una plantación de coco en la Finca Marta, en la provincia de Artemisa, aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de La Habana, capital de Cuba. La Finca Marta, donde no se usan productos químicos, comercializa de manera directa cada cosecha, que vende a restaurantes privados y a empresas estatales, aunque entrega una parte a la comunidad de manera gratuita. (Xinhua/Joaquín Hernández)

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Imagen del 17 de abril de 2019 de trabajadoras laborando en la plantación de hortalizas en la Finca Marta, en la provincia de Artemisa, aproximadamente a 20 kilómetros al oeste de La Habana, capital de Cuba. La Finca Marta, donde no se usan productos químicos, comercializa de manera directa cada cosecha, que vende a restaurantes privados y a empresas estatales, aunque entrega una parte a la comunidad de manera gratuita. (Xinhua/Joaquín Hernández)

 

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