Conocer a Martí

En el Ariguanabo, presencia eterna de Martí

Por estos días cuando todos los cubanos rendimos homenaje a nuestro héroe nacional José Martí, es propicio, reseñar uno de los lugares donde a cada paso se recuerda al hombre de la Edad de Oro.

Todo eso y más se encuentra en un tramo de dos hectáreas situado en el municipio de San Antonio de los Baños, provincia de Artemisa, llamado el “Bosque Martiano del Ariguanabo”.

En la entrada  destacan grandes árboles y cuando  usted camina sólo unos pasos se encuentra un sitio concebido como un aula que recuerda a un campamento mambí. Enormes piedras sirven de asientos para los visitantes quienes disfrutan de la explicación que allí se les ofrece relacionada con  el  lugar. En las rocas  se leen pensamientos de personalidades como Simón Bolívar, Máximo Gómez,  y Antonio Maceo, entre otros patriotas.

En el Bosque martiano existen las 54 especies de plantas mencionadas por el Apóstol  en su diario de campaña   Muchas personalidades  en sus visitas sembraron árboles en el lugar al que hacemos referencia. Por ejemplo el doctor Armando Hart. Presidente de la Sociedad Cultural José Martí, Los Pastores por la Paz, y el comandante de la Revolución, el artemiseño, Ramíro Valdés Menéndez, entre otros muchos.

El Bosque Martiano del Ariguanabo  exhibe con orgullo reconocimientos como la Distinción la Utilidad de la Virtud de la Sociedad Cultural José Martí,  máximo honor que otorga esa organización,   el  lauro cimero de la Dirección de la Agricultura Urbana del País, y la doble Corona de Excelencia Nacional, por su aporte a la salvación y multiplicación,  de especies en peligro de extinción en Cuba.
Allí  no se necesitan guardabosques. Hay uno inmenso dentro de su grandeza moral y sentimental. Hablo del más universal de los cubanos, me refiero a nuestro maestro José Martí, que como un duende camina por todos los rincones de esa floresta, mira cómo la obra con la cual soñó es allí una realidad, comprueba que su interés por la naturaleza se tiene muy en cuenta y observa la manera en que a los visitantes  les despierta la vocación en aras del cuidado  del entorno.

“A los niños se les enseña a amar, a ser honestos, y a defender con sabiduría a la naturaleza”, con esta frase del eterno amante del medio ambiente, escrita en una de las grandes piedras