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¡El punto cubano, bien!,… ¿y lo demás?

¡El punto cubano, bien!,… ¿y lo demás?

Los cubanos y cubanas nos sentimos orgullosos y satisfechos, cuando conocimos que la UNESCO había declarado el Punto Cubano (o guajiro) como patrimonio inmaterial de la humanidad. Y es que este género de la música campesina ha mostrado su capacidad de reflejar con fidelidad los sentimientos de los que habitamos en esta isla caribeña.  

Involucrado  de lleno en las más hermosas campañas  del pueblo en su lucha por las conquistas sociales, económicas y culturales, el punto guajiro  ha emergido como estandarte del arte comprometido con la nueva obra humanista  que soñamos.   
Las instituciones culturales, desde lo colectivo y lo individual, han desplegado iniciativas que han fructificado y fructifican en la difusión y enseñanza de este peculiar género, para mostrar ?junto a   hermosas  virtudes? sus complejidades técnicas,   y convencer  que no se trata de un arte menor,  y de esa forma trascender las  enquista-das barreras de   prejuicios discriminatorios.
Esta aventajada posición del Punto en la actualidad,  ha  colocado a la música campesina en un estado de buena salud, o al menos, así se reconoce por los medios nacionales.  

Sin embargo, es necesario hacer  algunos análisis. La música campesina no solo es el punto guajiro.
Tal vez puedan acusarme de intrusismo  profesional por abordar un tema  sin con¬tar con un curriculum que me autorice. Lo hago apoyado en mi condición de consumi¬dor  de esa música, tal como cualquier ciudadano lo haría respecto a   produc¬tos alimenticios o industriales.  

Considero que en la música campesina se presentan dos grandes troncos nutricios: el formado por todas las variantes del Punto Cubano o Guajiro y las for¬mas particulares que adoptan los géneros de la canción, digamos la canción gua¬jira (o guajira de salón), el son montuno y la guaracha de temas campesinos.

En el primer tronco nutricional,   el componente musical adopta una expresión muy peculiar, pues sirve de apoyo,   a la improvisación del verso o décima cantada. In¬cluso, el acompañamiento es casi nulo en el momento que el poeta canta, mientras que en el momento de pausa del cantante, la música   ocupa ese espacio y es cuando más se hace sentir. Este género que por antonomasia se reconoce como “música campesina”, no la abarca completamente, pues la sociedad rural precisa de otros géneros musicales para expresarse.

El segundo tronco nutricional, formado por el son montuno, la guaracha y la can¬ción guajira, o guajira de salón, o simplemente “guajira”,  no ha tenido la misma suerte que el punto guajiro.  Sin embargo, para valorar   este arte en general pienso que es necesario incluir estos géneros, sobre todo la “guajira”.
 La canción guajira, o simplemente “la guajira”, a mi modo de ver, es el género que pue-de representar más equilibradamente a la música campesina si nos referimos estricta-mente a  esta expresión artística, pues está creada por las mismas leyes de la creación musical de cualquier obra de este tipo: tiene que diferenciarse tanto en la música como en la letra, para ganar personalidad propia, particular.   Con esas mismas condiciones entran también la guaracha y el son montuno.  
 
Realmente estos   géneros están virtualmente   desaparecidos. Esta aseveración está basada en que la canción, como forma artística, es expresión de una realidad objetiva con¬creta, con la que   la sociedad    se ve identificada.   Pero las canciones “guajiras” que se interpretan por grupos y solistas en la actualidad en Cuba, no responden a la realidad del campesinado cubano de hoy, sino   a otros momentos de la historia del país,  surgidas en las décadas de los años 50, 60, 70.

   Actualmente el hombre de campo cubano   asume la música mexicana (ranchera, corrido o guapango) como la   más cercana a su   gusto, cuestión que ?sin ánimo de demeritar esa música?, puede   atentar contra el desarrollo del proyecto cultural de nuestra sociedad,  tratándose de un arte que expresa una realidad    socioeconó¬mica distinta ?con valores no pocas veces distante  de lo  que se aspira en nuestro modelo social?, en momentos en que existe un vacío artístico como expresión so¬cial, en ese sector poblacional de nuestro país,   lo que impide hacerle la “competencia enriquecedora” a la música mexicana.
    Mientras, los intérpretes de las viejas “guajiras” ?al igual que sones montunos o  guarachas?, siguen usándolas como piezas inamovibles de sus repertorios, que se repiten hasta el infinito.  Obras de reconocida calidad, otrora objetos de idolatría justifi-cada,  son presa del acomodamiento y facilismo de los intérpretes con la benevolencia de las  autoridades e instituciones responsables de las programaciones y la difusión.  

 Durante mucho tiempo en Cuba se llevó a cabo el concurso de música campesina y tradicional “Eduardo Saborit” sobre composición, que movilizaba el esfuerzo creador de compositores profesionales y aficionados en función del desarrollo de la música campesina. Como fruto del mismo, se crearon obras de buena calidad que una vez premiadas, quedaron en el olvido, sin que los intérpretes de esa música se interesaran por las mismas. En el año 2008, se realizó el último de esos
concursos.   Últimamente se viene aplicando una versión nueva del “Eduardo Saborit”, pero como concurso de interpretación,   obviamente   para captar nuevos cantantes. Resulta paradójico que se pretenda aumentar el número de intérpretes para asumir las   mismas obras musicales que actualmente forman los repertorios, que TODOS utilizan, incluso con los mismos arreglos musicales.

   No conozco si hay estudios   sobre la  percepción de los programas de música      campesina, pero   percibo que el programa “Palmas y Cañas” del que  siempre he sido televidente asiduo,    presenta una  tele audiencia   decreciente. Se mantiene la expectativa en gran medida por la música mexicana y las controversias. El programa es, en el aspecto musical propiamente, una repetición semanal del mismo repertorio de solistas (salvo honrosas excepciones como es el caso de María Victoria Rodríguez) y en gran medida de las agrupaciones.

  Creo que es necesario dar pasos en la recuperación del son montuno, la guaracha, y sobre todo, de la “guajira de salón”, que ?junto con “la habanera”?, fueron estandartes de la cultura musical cubana y dieron brillo al arte de esta isla.    Siempre estará  vigente lo mejor de esas creaciones,   por la cubanía esencial que desbordan desde su radiación bucólica que trasciende ?en sus mediaciones culturales?, hasta lo metropolitano.

Ahí están obras como El amor de mi bohío, La sitiera,  Como el arrullo de palma,  Albo-rada, Yo soy el punto cubano, Alborada guajira, Caminito del Zaza, y la  emblemática Guajira Guantanamera, que  abrazada a los más sentidos versos de José Martí ha  lle-vado el nombre de Cuba  a todos los rincones del planeta. Eso no significa que se para-lice el desarrollo creativo en el género; sería  contraproducente, pues se trata de levantar sobre tan hermoso caudal, una música nueva a esa altura.

Creo que es un error insistir en la repetición a ultranza de lo viejo ?en sentido general y en este particular también lo creo válido?, sin estimular la creación actualizada que expresa la marcha inexorable de la vida cultural. Junto a lo viejo debe crecer lo nuevo.
 No se trata de copiar, aunque hay elementos que se mantienen, como   la geografía o el paisaje  (el clima, la luz del sol, los árboles, el cielo). Pero hay aspectos actuales que tienen que estar reflejados en la nueva canción guajira, del “nuevo guajiro”. A modo de ejemplo, veamos la letra de una de las más bellas y longevas  canciones de este género:  

             “Alborada guajira”
La brisa de la mañana  mece la verde palmera,
El sol baña la pradera de oro, de plata y de grana,
Murmura el manso arroyuelo y va copiando en su sombra
El verdor de nuestra fronda, el azul de nuestro cielo.

En el criollo bohío la vida también  despierta,
Cuando el gallo siempre alerta lanza al aire su cantío
En la cocina de guano y de troncos de palmera
Hierve ya en la cafetera el rico y sabroso grano.

 Una pareja guajira sale cogida del brazo
 El la aprieta en tierno abrazo ella lo besa y suspira
Y en su caballo galano parte el guajiro ligero
Y se pierde en el potrero cantando un punto cubano.

Más allá de factores económicos y otros de carácter objetivo, es preciso ahondar en el análisis de los factores subjetivos, sobre todo los institucionales y las posiciones de las personas que tienen la responsabilidad de dirigir conscientemente los procesos de creación y promoción  de la cultura en el país.

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