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Lecuona y la música cubana

Lecuona y la música cubana

Artemisa, Cuba.-  Cuentan que el día que nació, 6 de agosto de 1895, fue un gran acontecimiento en la barriada de Guanabacoa. Dicen que pesó 12  libras, y  que una negra vieja, mitad hechicera, mitad pitonisa, se detuvo ante el niño que dormía en su cuna envuelto en tules dejó oír una rara profecía. Ese muchacho va a ser un genio.

Y la profecía se cumplió. El niño se convirtió en genio. Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona Casado llegó a ser el más universal de los compositores latinoamericanos.

Su padre, el periodista canario Ernesto Lecuona Ramos era el director del periódico El Comercio, pero fue la revista habanera El Fígaro la que puso de relieve su mirada viva y penetrante y su aguda inteligencia, cuando, con solo seis años ya resaltaba su seguridad en el piano y el buen gusto de sus ejecuciones. Sin embargo eran cosas de muchachos. Al menos hasta que intervino su hermana mayor, Ernestina e impuso disciplina más allá de la improvisación.

Lecuona matriculó en el conservatorio Peyrellade, y en 1908 publica su primera obra musical. El maestro Joaquín Nin lo tomó como discípulo durante ocho meses. De vuelta a París le dejó un sabio consejo.  Dijo Nin a Lecuona que era imprescindible que se pusiera bajo la tutela del maestro Hubert de Blanck.

El ilustre pedagogo de Blanck lo aceptó en el sexto año de piano del plan de estudios que regía en su conservatorio, lo que demuestra el adelanto alcanzado por Ernesto Lecuona en el poco tiempo que llevaba como alumno.
No todo  fue color de rosas en la vida del muchacho. Por esa fecha su padre murió y su madre estaba muy enferma.     Ernesto tuvo que comenzar a trabajar. En el cine Fedora, en Belascoaín y San Miguel, devenga tres pesos españoles diarios por animar las proyecciones, que por ese entonces eran silentes.  A pesar de su edad dirige también la orquesta.

Por entonces que una primera gira artística por La Habana y Matanzas con una compañía en la que figuraban la tonadillera Mimí Ginés, un dúo de cantantes italianos, y Teresky, el transformista, como llamaban entonces a los travestis. A de Blanck no le gustó nada aquello y convenció a Elisa Casado, madre de Lecuona  a que el muchacho se dedicara seriamente a la  carrera pianística y dejara las actividades triviales que no lo conducirían ninguna parte.

Elisa Casado accedió a los ruegos del maestro le Blanck y Lecuona ingresó en la compañía de Arquímedes Pous en 1912. Ese año compone La comparsa, una de sus melodías más conocidas. Poco después, con presentaciones exitosas en Estados Unidos se inicia su carrera internacional, y en 1918, junto con el compositor José Mauri, funda el Instituto Musical de La Habana.

Desde aquel momento la carrera de Lecuona se disparó. En el teatro Martí estrenó Domingo de piñata. Tuvo más de 200 presentaciones. En 1922 fundó la Orquesta Sinfónica de La Habana. Un año más tarde Lecuona organiza y dirige, en los teatros Payret y Nacional, los Conciertos Típicos Cubanos que presentaron obras de autores contemporáneos y en los que actuaron, entre otros, René Cabel, Rita Montaner, Carmen Burguette, María Fantoli, Tomasita Núñez, y Luisa María Morales.

Lecuona viajó intensamente. A España, México, Argentina, Perú, Chile. En Estados Unidos la Metro Goldwyn Mayer lo contrata con la orquesta de Hermanos Palau, en la musicalización de la película El manisero.

Era un hombre interesante. Nunca viajaba en avión. No le gustaba. De cada incursión por el mundo  regresaba con jarrones de porcelana del siglo diecisiete, miniaturas napoleónicas, una edición centenaria de La dama de las camelias, muebles y figuras chinas auténticas. Una curiosidad interesante es que Lecuona venía con frecuencia Artemisa.
Su pasatiempo preferido era jugar al dominó en su finca La Comparsa, ubicada entre el Guatao y San Pedro. Allí disfrutaba del contacto con la naturaleza, criaba aves de corral y practicaba la jardinería. Vivía orgulloso de sus marpacíficos, rosales y claveles.

Una de las historias más cuestionadas sobre la vida de Ernesto Lecuona cuenta que el maestro se operó la mano para  tocar mejor el instrumento. Esto no era real. Es cierto que tuvo que someterse a una operación cuando, en el baño de su casa, se partió una llave de losa y le cortó el tendón flexor del pulgar de la mano derecha. El accidente ocurrió en mayo de 1933.

Luego del triunfo de 1959, la figura de Lecuona se vio envuelta en  un proceso legal. Se le acusó de mal manejo de fondos en la Sociedad de Autores y de complicidad con la dictadura batistiana. En ambos cargos salió ileso.  Tras un segundo viaje a los Estados Unidos no regresó a la isla.

En el norte se enfermó de gravedad. Necesitaba su tierra. Viajó a España por recomendación del médico y para visitar el hogar paterno. Se instaló en Málaga, donde lo declararon hijo adoptivo. En España pasó sus últimos días.  Ernesto Lecuona falleció en la medianoche del 29 de noviembre de 1963. Ante el cadáver se le cantó una misa imponente organizada por la Sociedad de Autores de España. Oficiaron doce sacerdotes y actuó la Orquesta Sinfónica de Madrid con un coro de 200 voces. La bandera cubana cubría el féretro.

Ernesto Lecuona fue uno de los grandes de la música cubana Sus obras trascendieron en el tiempo por la manera natural con la que traducen las raíces de los cubano.  

FUENTE: Artículos de Internet. Recordando a Ernesto Lecuona. / Lecuona. / Ernesto Lecuona: Un prodigio desde temprano. / Ernesto Lecuona. Ecured.



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