Una Constitución de futuro y para el futuro

Una lección más de la democracia participativa que caracteriza a nuestro pueblo ofrece Cuba a la opinión pública mundial y contra ella no pueden ni campañas mediáticas ni los intentos de tergiversar la realidad de la Mayor de las Antillas.
Lo sentí así en la Asamblea de Consulta Popular sobre el Proyecto de Constitución celebrada en la circunscripción 12 del artemiseño municipio de Guanajay. Y es que aunque existan criterios diversos sobre el artículo 68 referido al matrimonio entre personas la población tiene que comprender que el proyecto posee otros artículos bien pensados que se adecúan al carácter socialista y a los nuevos retos que se imponen en el ámbito económico y social cubano.
Cuando se habla de matrimonio entre personas, estamos por supuesto abogando por el respeto, la tolerancia y la equidad de género, incompatibles con ideas machistas y atrasadas.
Otro aspecto que reclama la población es el llamado a situar el trabajo como una obligación y no como un derecho y esto por supuesto dice mucho del empeño de nuestra sociedad de retomar el camino de los valores y el respeto hacia los esfuerzos del estado cubano en aras del desarrollo del país.
De igual forma hablamos de la prevalencia de la propiedad social y de la aplicación de regulaciones para que no impere la acumulación de riquezas y que la empresa estatal socialista sea por siempre el eje de nuestra economía.
Es una Constitución de futuro, hecha para que la economía del país crezca desde lo interno, con una mayor autonomía para los gobiernos municipales en función del desarrollo local. Una Constitución de futuro que ratifica la decisión irrevocable de los cubanos de perpetuar el Socialismo, luchar por la paz y el respeto entre los pueblos, principios que han sustentado la Revolución Cubana en estos 60 años de victorias. Por eso cuando hablemos de Constitución recordemos las palabras del Apóstol José Martí: El primer deber de un hombre de estos días, es ser un hombre de su tiempo.





