Rocío, entre la historia y la danza.

Hace unos días mientras conversaba con Yanelis Damas, una colega de trabajo, le comenté lo expresado por el poeta griego Sófocles: Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres. Con absoluta certidumbre y orgullosa sonrisa, enseguida me dijo: Mi puerto seguro se llama Rocío Suárez Damas.

Rocío cursa el sexto grado en la escuela primaria Juan Pedro Carbó Serviá y es jefa de actividades del colectivo. Con solo once años, esta menuda niña ya conoce los frutos de la constancia y la disciplina. En ocasiones resta horas de juego con su mascota Toby para sumergirse en los libros, en especial el de Historia. Anota cada fecha, estudia las personalidades y emite criterios certeros con una madurez que asombra. Gracias a su empeño, Rocío obtuvo medalla de oro en el Concurso Nacional de Historia, un galardón que sirve de acicate para trazarse nuevas metas. Agradece la preparación de sus maestras Gloria y María del Carmen, quienes dedicaron varias jornadas para perfilar detalles.

Rocío nos sorprende, revela otras aristas y La Habana, la hermosa Habana es testigo silenciosa de sus andares. Cada lunes y miércoles asiste a los talleres vocacionales de la compañía Lizt Alfonso Dance Cuba. Entonces, la magia se desata y sobre el tabloncillo aparece una niña perfeccionando cada movimiento.

Rocío llegó a la vida de su familia y le prometieron amor incondicional, pero ella ha sabido retribuir tanta entrega.

Cuando llego cada mañana a Radio Artemisa y me encuentro con Yanelis la pregunta se impone: ¿Cómo está Rocío? o mejor ¿cómo está Coco?, así la llamamos los que la tenemos más cerca.