Bibliotecaria por vocación

Cualquier rostro o nombre de esas personas que dedican su vida a mostrar el camino de la lectura como fuente de enriquecimiento del alma, hubiese ocupado el protagonismo de esta crónica. Pero preferí que fuese el de ella, María Gertrudis Valdés Pedroso, bibliotecaria de la escuela primaria Carlos Baliño del municipio de Guanajay.
Y es que atesoro hermosos momentos de lectura junto a ella durante mi etapa escolar. Con la "profe Trudy ", aprendí que Carlos Baliño no solo era el nombre de mi escuela o del museo municipal sino un patriota, hijo de mi tierra natal que dedicó su vida a redimir las penas de la humanidad. Con ella aprendí que Martí no es solo para leerlo sino para sentirlo, interpretarlo, amarlo. Esa es la mayor muestra de respeto hacia nuestro Héroe Nacional. Nadie como ella para leer un cuento, era como como si estuviésemos dentro de la historia y al igual nos transmitía las diferentes emociones de una poesía.
Esa biblioteca conoce sus pasos y cada libro, el calor de sus manos. Esas manos con las que señalaba de manera acusadora a quienes maltrataban un ejemplar porque aseguraba que los libros tenían alma y yo le creía. Muchos años después comprendí aquellas pláticas del olor de los libros, del placer de hojear sus páginas y de saber comprender el mensaje de los escritores.
La "profesor Trudy " no es solo bibliotecaria de profesión sino también por vocación. Y es que el amor por los libros, por educar y formar valores, poco tiene que ver con la profesionalidad y mucho con el deseo del ser humano de transformar el mundo. Así la encontramos, en esa misma biblioteca, los mismos libros, las mismas mesas, pero siempre generaciones diferentes que cambian, se renuevan y atesoran el inmenso caudal de conocimiento de esta bibliotecaria, educadora de generaciones y para quien, el tiempo y el descanso no existen cuando se trata de forjar y educar al hombre nuevo.




