
Comenzó un nuevo año académico y siempre estos primeros dÃas del mes de septiembre vuelven sentimientos y recuerdos de mi niñez. Rememoro con mucho agrado mis primeros dÃas de clases en los grados preescolar y primero, cuando mi mamá cada mañana me llevaba hasta la escuela, yo con mi mochilita al hombro, orgulloso con mi uniforme, esa prenda nueva para mà pero ya vieja en mis deseos.
Comenzaba de esa manera en mi vida una nueva etapa en la que me fue preciso compartir con los estudios mis tiempos de juegos, muñequitos y otros entretenimientos. Me sentÃa por tanto una personita con grandes responsabilidades solo porque debÃa cuidar mis libros y libretas, hacer mis tareas y también porque levantarme siempre bien temprano en la mañana era algo que nunca podÃa fallar.
Comenzar asà mi desempeño como estudiante me causó una gran impresión al descubrir muchas cosas nuevas de Ãndole general que dejaron huellas para todo el decurso de mi vida socio profesional.
Mi niño comienza en este nuevo calendario académico el octavo grado en la enseñanza de secundaria básica y el verlo con su uniforme, libretas y su empeño en el estudio y superación me llevan a mi infancia la que valoro de fructÃfera por servirme de base para hoy ser útil a la sociedad.
Recuerdo a casi todos los que me educaron, a Luisa, mi maestra de toda la enseñanza primaria, que dedicaba todo su tiempo a enseñar y educar a sus alumnos. No olvido a Enrique, mi maestro de ciencias, a Domingo de humanidades y a otros tantos que pusieron todo su empeño en mi formación, educación y preparación para insertarme en la sociedad en la que vivo.
Detrás de cada inicio de curso escolar existÃan para mis nuevas expectativas y responsabilidades de las que siempre salÃa airoso y triunfante, con nuevas experiencias y preparado para enfrentar cada nuevo grado y asà mi vida futura. Y eso lo que deseo que suceda con mi pequeño hijo.