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Crónica para un maestro.

Hoy vengo a hablar en tu nombre. Dijo un sabio que la mayor gloria de un maestro es hablar por boca de sus discípulos y quiero erguirme en evidencia de lo más agradecido de tu discipulado. Tengo la certeza de que  mucho de lo que en mi late me llegó por la vía de tu savia, de tu ejemplo, de tu enseñanza. Mucho tiempo llevo a la sombra de tu abrazo curtido. Cuando pequeño, abriste para mí portales de conocimiento. Me dijiste que la hache no suena y que los números primos solo son divisibles por uno y por ellos mismos.

Me enseñaste a rasgar, a modelar la plastilina. Luego las combinadas, los teoremas, la geografía y la química de los elementos. Me diste sorbo a sorbo la sabiduría cultivada precisamente para regalarla. Ahí está el altruista de tu  causa.

Pero no en esos regalos, no en esas dádivas de conocimiento te hallo grande. Porque me enseñaste más que eso. A pensar, a distinguir lo bueno de lo malo y lo grande de lo vil. Pusiste en mis manos los valores y me mostraste como apretarlos contra el pecho. Me hablaste de Martí, me enseñaste a querer a Fidel. En cada clase volviste la pizarra una explanada desde la que salieron papalotes de colores para volar sobre mis pensamientos. Por ti me hice un profesional,  de ti saqué el alimento espiritual con el que hoy lleno la alforja de mis hijos. En ti pienso cada día por aquella máxima, a veces trillada, de que  siempre hay algo para aprender.

Tú amplificaste mis sentidos. Me diste la posibilidad de ver más allá del presente, de escuchar los sonidos de la conciencia abriéndose paso sobre los discursos, me permitiste tocar la perfección, pero pusiste en mí  la prudencia para no asirla, porque lo perfecto es enemigo de lo bueno y la bendición está en crecer, no en llegar a la cima.

Por ti probé el sabor delicioso del descubrimiento. La  gratitud es entonces más que eso, es una sensación de pertenencia. Es la firmeza de la voz cuando te digo que eres mi maestro, que nunca voy a dejar de agradecerte tanto tiempo invertido en mi provecho, esa vocación de modelar espíritus, de fundar sociedades, de apuntalar el futuro.

Feliz de del educador a quien nos enseñó a ser felices, y sobre todo a hacer felices a los demás que es el verdadero privilegio de un ser humano. Recibe de tu alumno la constancia de un homenaje en las acciones. En esta fecha  que colocamos  a la izquierda del pizarrón gigante de nuestro pecho, tú eres el asunto y la tarea. Tu inmensidad se asienta en una palabra simple en la que cabe todo lo valioso y todo lo bello: Maestro.
 

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