
Aunque desde que tenemos uso de razón aprendemos que los seres vivos nacen, crecen, se desarrollan y al final mueren, nos aferramos a pensar que todos seremos eternos.
No acabamos de acostumbrarnos a perder un ser querido y mucho menos a uno que salvó tantas vidas durante el paso por su suelo patrio y otras lejanas tierras del mundo haciendo el bien a los seres humanos.
Hace apenas unas horas, en la madrugada del sábado veintidós de diciembre le dijiste adiós a la vida, en el pueblecito de Aguacate del municipio de Caimito, lugar donde residÃas desde hace muchos años cuando llegaste por primera vez a un Consultorio del médico de la familia después de tu graduación a principios de los años noventa.
Solo se cumplÃan veinte dÃas después de tu regreso a la patria con el deber cumplido en la Misión Más médicos en Brasil, regreso que añoraste durante mucho tiempo según me contabas cuando nos comunicábamos a través de las nuevas tecnologÃas y por medio de la cual planificamos una entrevista que nunca pudo concretarse.
Los vecinos de Aguacate, Caimito, Artemisa, La Habana, Cuba y Brasil te recordaremos como el amigo fiel, el hermano afectivo, el buen hijo, el tÃo cariñoso, pero sobre todo, como el gran profesional de la medicina que siempre fuiste.
A pesar de ser diabético diste tu paso al frente para ir a ayudar a otras personas del mundo, donde encontraste otra familia y hasta un nuevo amor que te flechó en la tierra de la samba y pensabas volver a su reencuentro antes de que concluyera el 2018, después de correr todos tus trámites legales en Cuba.
Durante tus años de médico revolucionario te desempeñaste como cuadro en cuanta tarea te encomendaron y con buenos resultados, fuiste director del PoliclÃnico Flores Betancourt, de la dirección municipal de Higiene y epidemiologÃa en Caimito y de la ClÃnica del diabético en el municipio de Bauta, enfermedad que conocÃas como doctor y paciente.
Te recuerdo también atendiendo el sistema de farmacias en tu tierra adoptiva y los frentes del adulto mayor y la defensa en la dirección provincial de salud en la extinta provincia de La Habana, a la cual perteneciamos antes de la creación de la nueva Artemisa.
No puedo dejar de olvidar todos los años que le dedicaste al trabajo como delegado del Poder Popular por mandamiento de tus vecinos, muchos de los cuales vi llorar el dÃa de tu partida fÃsica, porque para ellos eras un dios en ese pequeño lugar de la zona norte de Caimito.
Es difÃcil decirte adiós, mi amigo de la infancia en nuestro natal Guanajay, ya no podré decirte más Eduardo, tendré que ir un dÃa a conversar con tu mamá Ana y tu hermana Marisabel, mientras tú estarás allá en el otro mundo charlando con tu padre.
Te recordaré siempre, al igual que otros caimitenses, como el Doctor Eduardo RodrÃguez Sotero, con la sonrisa siempre en los labios, el trato afable con todos tus pacientes, y el pomito con azúcar o los caramelos en tu maleta de trabajo para luchar contra ese mal, que al final, logró vencerte.
Descanse en paz hermano mÃo, siempre hiciste el bien, no tuviste enemigos, y si un millón de amigos que hoy lloramos por tu partida a la eternidad, ese lugar donde solo llegan los hombres grandes como tú.