Fermín
Fermín camina lentamente y hasta hoy me doy cuenta que lo conozco de toda la vida. Lo recuerdo más fuerte y ahora la curva que dibuja su espalda me revela que el paso del tiempo es inexorable y nos alcanza a todos.
Mis ojos se nublan de lágrimas al recordar la etapa de adolescentes traviesos cuando robábamos el carrito y la escoba de Fermín solo para reír ante sus improperios y gritos. Entonces no sabíamos el valor de su humilde oficio y su importancia para la sociedad.
Fermín barre las calles, recoge la basura que nosotros los inconscientes tiramos sin importar cuánto dañamos el entorno. Un papel aquí, otro allá, la lata vacía de refresco. Siempre lo mismo... mañana será igual" - rezonga y ...adiós, periodista" y vuelvo yo a sonreír y decido que esta crónica llevará su nombre porque siento que Fermín no es pequeño. Pequeños somos nosotros que no valoramos la importancia de este oficio, que ensuciamos un planeta solo nos ofrece beneficios.
Pequeños somos nosotros depredadores de la naturaleza. Fermín es grande porque desempeña un oficio tan importante para la vida porque la ciudad respira y le agradece cada vez que sus manos transforman lo sucio en luz, porque hasta en esos pequeños oficios se esconde la belleza y la virtud de servir.




