
Sencilla, tierna y amable. La vemos en diferentes facetas; costurera, ama de casa, cocinera, a veces hasta albañil o carpintera y en su mejor rol, cuando adopta el papel de madre.
Es siempre la mejor defensora; No se cansa nunca y se desvive por buscar el confort familiar. No pretendo presumir de sus cualidades aunque muchas veces se les compara con las rosas.
La mujer es valiosa por su historia. A pesar de no haber sido valorada en todos los tiempos, de acuerdo al contexto social ha sabido ganarse el lugar que merece con dignidad.
Nuestro paÃs engendra maravillosas mujeres. En la historia encontramos paradigmas que en su alma forjaron la pasión por la patria y las ansias de vencer. Ejemplo fue Mariana Grajales, de la cual deviene nuestra estirpe que refleja la hidalguÃa y el valor de luchar por la nación. Otras fueron Celia, Haydee, Vilma, Melba; madres de Cuba, de los principios, ideas y consignas que hoy defendemos.
Como aquellas todavÃa existen muchas. La mujer trabajadora cubana simboliza hoy en dÃa el concepto Revolución. Su facilidad para emprender nuevos retos la distinguen dentro del género humano. Al mismo tiempo en que se desempeña en el trabajo, educa, guÃa, orienta y es ejemplo en el hogar. Sus consejos, sabidurÃa y experiencia son tesoros para quienes la escuchan. Perseverar ante las dificultades de la vida es la mejor enseñanza que obtiene. Su responsabilidad la hace ser respetada por todos y asà admirada por la sociedad.
La labor de una mujer es infinita. Horas de desvelo y constante preocupación dan muestra de su intenso trabajo dÃa a dÃa. Abnegación y sacrificio son cualidades que la caracterizan. Mujeres dedicadas, valientes, decididas, inteligentes; producto del parto de la Revolución.
Nuestra isla tiene grandes mujeres que transmiten el legado de la Mariana; son ellas frutos de Cuba, glorias de mi ciudad. Faro, luz; brotan por sus poros amor y ponen cada dÃa en alto la bandera de Cuba y la Revolución. Grandiosas mujeres de la patria, son.