
Todo país cuenta con reconocidas figuras bien sea del arte, el deporte o la educación. Pero también en cada localidad existen personalidades que se destacan en estas esferas y que con su trabajo contribuyen en gran medida al desarrollo de la historia local.
Este es el caso de José Ramón Rodríguez González, o como todos lo conocen: el pintor de Guanajay. Cuenta ya con 92 años y mantiene vivos los recuerdos de su vida. A pesar de los sacrificios que tuvo que enfrentar pudo realizar su mayor sueño.
Ha colaborado en trabajos como la restauración del altar mayor de la Parroquia San Hilarión Abad en Guanajay y entre sus obras se encuentran pinturas sobre cómo era nuestra localidad en épocas pasadas demostrando el inmenso amor que siente por su tierra de la cual nunca se ha marchado.
Maestro del alma para aquellos que se acercan a saludarlo o bien para consultarle sobre el óleo a utilizar en algún cuadro. Se ha ganado el respeto y la admiración de sus discípulos y sus coterráneos.
Al preguntarle qué representa para él ser guanajayense nos comenta con lágrimas en los ojos.
“Siempre me he sentido uno de los hijos de Guanajay que más le debe a su pedacito de tierra donde abrió los ojos por primera vez. Nací en el seno de una familia humilde, pero muy honrada y sobre todo patriótica. Mi padre me enseñó a querer mi localidad.
“Viví momentos muy difíciles durante mi infancia y mi vida, pero nunca he pensado irme de Guanajay, nací aquí y aquí me moriré.
“Aprendí de mi padre valores como la honradez, la nobleza, el desinterés y el amor a mi pueblo.”
Le debe a su familia ser hoy lo que es, incluso la devoción por la pintura.
“Nací pintor verdaderamente, pintaba sobre cualquier cosa: un pedazo de papel, una sábana o un cartucho, y mi padre me decía que yo lo lograría porque mis dibujos tenían alma.
Luché por mi sueño y por ayudar a mi familia y lo primero que pinté fue un dibujo del Coronel Fulgencio Batista en tamaño real para poder ingresar a la academia de pintura que era para los hijos de militares fallecidos en Ceiba del Agua.
Ese fue mi primer paso para entrar en la escuela a escondidas de mi padre aunque no lo logré lo intenté, y más tarde con igual sacrificio logré matricular en la Academia de pintura de San Alejandro.
“Desde niño pintaba las carteleras del cine, el primer dinero que gané fueron 10 pesos que le entregué a mi padre para ayudar con los gastos de mis cuatro hermanos.
“Después que lo logré y me hice pintor, me dediqué a enseñar a los demás. Todo el que se me acerca y me pide ayuda en el tema de la pintura lo ayudo porque amo lo que hago y disfruto del arte de enseñar.”
Se le han otorgado múltiples premios y condecoraciones que le son conferidas a aquellas personalidades defensoras de la identidad local y por su trayectoria como revolucionario.
“Me han sido entregadas distinciones y condecoraciones como la Orden Fernando Chenard Piña, la Medalla Carlos Baliño, condición de Hijo Ilustre de Guanajay en Asamblea Solemne y Distinción María Teresa Vera.
Y recientemente la Orden “Nicolás Guillén”, máxima condecoración entregada por la Uneac.
Fue una satisfacción, recibir estos reconocimientos, no pensé nunca en el deber cumplido porque todo lo que he hecho ha sido con sentimiento y con el corazón. Me complace mucho pintar y enseñar porque así lo que he aprendido no se olvidará.”
Algo que nos confiesa es que cree profundamente en los jóvenes y está seguro que valores como la sencillez y la honradez valen de mucho para formar hombres de bien y eso solo lo puede lograr el amor y el respeto.