
El sol sintió envidia. Su calidez se opacó con el calor humano de un mar de pueblo que inundó las calles. Rumba y tambores acompañaron la marcha de quienes apostaron por el Socialismo como único sistema que significa al hombre, de quienes crecen con el esfuerzo que sale de sus manos, de quienes construyen, sanan el cuerpo y el alma, forjan conocimientos o arrancan vida a la tierra con el sudor de la frente y la fuerza de sus manos.
Llegó el Primero de mayo, DÃa Internacional de los trabajadores y fue el amanecer diferente. Rojo, blanco y azul, los colores de nuestra enseña nacional cobraron nuevos matices en la piel de la clase obrera. El concepto de Revolución que nos legó Fidel cobró nuevo brÃo el de la resistencia, el de la voluntad de un pueblo que sabe que bloqueo, Ley Helms Burton y campañas mediáticas no pueden ante la fuerza de la razón de quienes hacen patria desde cada trinchera de combate, quienes traducen lineamientos y actualización del modelo económico y social en actividad creadora y productiva para garantizar el futuro de sus hijos.
Llegó el Primero de mayo y para otros pueblos del mundo fue un amanecer de protesta y reclamo por mejoras para la clase obrera. Pero los cubanos tenemos un destino diferente. Aquà estamos DÃaz- Canel, aquà estamos Raúl! AquÃ.
Seguimos haciendo historia, seguimos haciendo Cuba. Ese fue el espÃritu que inundó plazas y calles del archipiélago cubano porque la clase obrera, la verdadera dueña de las riquezas en nuestro paÃs decidió que la Revolución, es más que palabra, Revolución es el espÃritu del pueblo trabajador que apuesta por crear el mundo mejor que soñara Fidel.