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El cronista de la Guerra, José Miró Argenter

El cronista de la Guerra, José Miró Argenter

José Miró Argenter fue un hombre muy cercano al General Antonio Maceo. Quizás por eso tenía, como el mulato, tanta fuerza en la mente como en el brazo. Su carrera militar es tan impresionante como su aporte periodístico e histórico. Aporte que le valió el sobrenombre de Coronista de la guerra.

José Miró Argenter nació en Cataluña, España, el cuatro de marzo de 1851. Cursó el bachillerato en Barcelona y luego estudió dos años de medicina. Su carrera militar comenzó en el ejército carlista. Allí alcanzó los grados de teniente.
Vino a vivir a la Habana y de allí se trasladó a Santiago de Cuba, donde conoció a Maceo, en un almuerzo de despedida que le ofrecían antes de embarcarse para Jamaica.

Era un periodista muy capaz. Colaboró con varias publicaciones en Santiago, en Holguín y en Manzanillo. Tenía filo en la pluma y claridad al expresar sus ideas. En Manzanillo lo apresaron por un artículo contra la dominación española. Le fijaron la fianza en diez mil pesos y tuvo que cumplir dos meses en una cárcel de Santiago de Cuba.  

Poco se conoce de la labor periodística de José Miró Argenter. En San Luis trabajó como redactor de El Cubano Libre. En la Habana se hizo cargo de Vida Militar y colaboró con El Fígaro durante dieciséis años. Fue también periodista del conocido Diario de la Marina.

La obra literaria más relevante de Miró Argenter es sin duda Crónicas de la guerra, un clásico de la literatura de campaña en Cuba que vio la luz en 1909 y fue reeditada varias veces. También son de su autoría la obra teatral El Pacífico, y la novela, Salvador Roca, ambas de 1914.

El veintidós de febrero de 1895 llegó a Manzanillo la nota de Juan Gualberto Gómez con la orden de alzamiento.  Fue Miró Argenter el que le propuso a Bartolomé Masó no esperar al veintitrés para comenzar con las acciones. Por iniciativa suya ese mismo día partieron hacia la manigua salvando su vida de cualquier delación o contratiempo.

El mismo veintidós partió hacia Holguín y comenzaron sus hazañas en el Oriente cubano. Pocos días después Maceo regresaba al país y recibió informes sobre la actitud del español. A partir de las referencias obtenidas el Titán de Bronce ratificó sus grados militares y lo incorporó a su Estado Mayor

En la Batalla de Peralejo, junto al General Maceo. Miró Argenter obtuvo los grados de General de Brigada. Pero fue en Mal Tiempo donde lo ascendieron a General de División. Siendo español fue el primer miembro del Ejército Libertador en obtener esa condición.

José Miró Argenter era un hombre digno peleando por una causa justa. Defendió  a Cuba como un cubano más. Quizás por eso en mayo de ese año, José Martí le envía una carta firmada de su puño y letra donde le dice.
Si en algún hombre se puede fiar para que ayude a Cuba a componer, y hacer de todo viable, las fuerzas necesarias para el triunfo, y a acumular, en vez de restarle, sus elementos naturales e imprescindibles, él ha de ser de la especie poco común de hombres a que usted me parece pertenecer.

Miró estuvo junto a Maceo durante la invasión y en toda la campaña de occidente. Lo escoltó en el cruce por mar de la trocha de Mariel a Majana, en la noche del cuatro de diciembre de mil 896. Tres días más tarde resultó herido, por única vez en la guerra, en las inmediaciones de San Pedro, donde cayó en combate el general Maceo.
La muerte de Maceo lo afectó demasiado. Se dirigió al encuentro de Máximo Gómez, y le pidió licencia para reponer su salud junto a su familia. Autorizado por el Generalísimo viajó a Camagüey y de allí a Manzanillo. No se incorporó de nuevo a las filas combativas.

A pesar de retirarse del combate, José Miró Argenter  continuó aportando a la lucha por la liberación de Cuba. Colaboró con el periódico independentista El Cubano Libre, que se publicaba en la manigua. Fundó y dirigió el periódico La Democracia. Terminada la guerra,  en mil 899 lo nombraron inspector del Departamento Oriental y también secretario de la Junta Liquidadora del Ejército Libertador.

Crónicas de la Guerra fue escrito por Miró Argenter entre los años 1899 y 1909. El valor testimonial de esta obra la sitúa entre los libros indispensables para comprender la historia de Cuba. Otro de sus valores es  la descripción de la polémica caída del Titán de Bronce.

Los últimos días de su vida, Miró Argenter los vivió en la Habana. Durante los primeros años de la República se desempeñó como secretario de la Junta Liquidadora del Ejército Libertador y luego de su archivo. Fue miembro de la academia de Historia de Cuba.

La historia recoge que José Miró Argenter falleció el dos de mayo de 1925. También puede decirse que comenzó a morir un poco cuando Maceo cayó en combate. Fue su soldado más leal. También se mantiene vivo en sus crónicas, en sus ideales, en su ejemplo.




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