Cien años sin soledad

Llegar la edad de cien años, es un privilegio que no todos pueden gozar. Lo sabe Virginia Perdomo Hernández, una ariguanabense que celebró su fiesta junto a la Revolución como siempre lo quiso.

Mirada serena y a veces perdida en el tiempo. Piel sencilla y arrugada como muestra del centenario. Suspiros de emoción al escuchar la voz grabada de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Su ídolo, guía, inspirador.

Esta vez está sentada en el sillón de madera que acompaña sus días Frente a la puerta de la casa un pastel y los globos como símbolo de alegría y juventud acumulada, sonríe, susurra algunas frases entre sollozos y lágrimas. Se sabe feliz por la llegada de los cien años.

Es una niña con juguete nuevo. Le rodean los que forman parte de su árbol genealógico. También la gente del barrio. Los que a diario comparten con ella la taza de café y la escucha de Radio Rebelde o la Televisión Nacional.

Vestida de rosado como una quinceañera, celebra su centenario. La gente llega y la besa. Los niños la observan con cuidado y detienen la mirada en la fina piel que hace ondulaciones en cada espacio de su orografía. Virginia agradece a todos esta fiesta. Dice que vivirá hasta que Dios le permita hacerlo. Siempre con la Revolución como estandarte.

Ya no viste el uniforme de miliciana. Tampoco reparte los bonos para la clandestinidad o busca colaboradores para una manifestación popular en la Plaza de la capital. Ahora sus días descansan junto a la compañía de una de las hijas, Mercedes Perdomo, para quien su mamá es la gloria.

Veinte años no es nada, cantó Carlos Gardel. Para Virginia Perdomo Hernández, es mucho más. Representa una vida a  la que ama y disfruta. Gracias por existir y que  se conserve pura y sana como su sonrisa Â