
Amanece pegado al surco. Allà donde sol, rocÃo se funden para traer vida. Allà donde el verde se combina con otros matices de colores propios de esa naturaleza que tanto nos da y a la que a veces no prestamos la adecuada atención.
Un sombrero de yarey desafÃa al sol abrasador, la mano se lleva a la frente una y otra vez para limpiar el sudor ... esas manos poderosas que arrancan frutos a la tierra. Allà sueña con el futuro, allà aprende que la tierra es suya porque Fidel y la Revolución desterraron el latifundio, allà siente que sus hijos tienen el futuro asegurado y que nadie los arrojará a la calle como trastos viejos porque la temible palabra desahucio no existe más.
Hoy el campesino tiene un futuro diferente y allà pegado al surco siente que la mejor forma de retribuirle a la Revolución es labrando la tierra, es con la producción de alimentos para el pueblo del cual también forma parte. Es sentir que la necesidad de producir va más allá del cumplimiento de planes porque es la voluntad de crecer desde la propia tierra.
Sesenta años después de la firma de la Primera Ley de Reforma Agraria continúan la batalla desde el mismo surco porque ellos forman parte de ese grupo de agradecidos que siente que Fidel solo rescató para ellos la dignidad perdida por siglos de explotación y hoy decir cooperativa es decir escenario de cientos de batallas por la eficiencia y la productividad, es decir bastión inexpugnable de la producción de alimentos porque desde el surco nuestro campesinado también hace Revolución.