
Cayó en Dos RÃos de cara al sol. Asà como mismo pidió que fuese su partida para llevarse como último recuerdo guardado en sus pupilas el brillo intenso de ese astro que ilumina los campos de la amada patria.
Aquel 19 de mayo de 1895 fue la partida fÃsica del más universal de los cubanos. Un dÃa antes, como premonición de su partida dejó una carta inconclusa para su amigo Manuel Mercado donde expresó: " Ya estoy todos los dÃas en peligro de dar mi vida por mi paÃs...."
Frases del Apóstol como" Vivà en el monstruo y le conozco las entrañas", " Patria es humanidad" cobran cada dÃa más fuerza y vigencia en momentos en que la América toda precisa estar unida como La Plata en las raÃces de Los Andes para impedir que pase el Gigante de Siete Leguas.
124 años después de la partida fÃsica de aquel que vivió los horrores del presidio polÃtico en Cuba y vistió toda su vida de luto por la esclavitud de su amada Patria regresa una y otra vez a la senda de la batalla.
 A veces viste bata médica y sube cerros o desafÃa el desierto, otras toma de la mano a jóvenes donadores que apuestan por la unidad latinoamericana y la construcción de un mundo mejor o desde el busto del patio escolar sonrÃe a lis que describió como la esperanza del mundo.
Martà no ha muerto, no es de esas personas que se van para siempre porque su impronta lo hace regresar una y otra vez para inspirar a los que mantienen vivo su ideario y asà se funde con el concepto de Revolución legado por Fidel para mostrar como ser parte de una sociedad mejor.
Martà es Revolución, es epopeya, es verbo encendido que desafÃa leyes yanquis, es la fe indestructible en que todo tiempo futuro tiene que ser mejor. No se matan las ideas, no se mueren los sueños si están edificados a partir de principios justos.
Asumimos el pensamiento martiano no solo por su vigencia, lo asumimos porque sentimos que como faro y guÃa llama al combate e infunde ánimos para defender la Revolución.
Por la senda del Apóstol caminamos, nos crecemos porque en Martà nació este sueño de justicia social que hoy nos convierte en paradigma. Â